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sábado, 28 de noviembre de 2009

Lili Mendoza gana Premio Centroamericano

Aprovecho la noticia de que la escritora panameña, Lili Mendoza, fue galardonada con el Segundo Premio Yolanda Oreamuno de la Asociación Costarricense de Escritoras, para publicar el texto con el que presenté su primer libro. Felicitaciones, Lili.

Arráncame del pecho este Corazón de Charól A-gogó

Escribí a modo de hoja de presentación del libro Corazón de Charol A-gogó, primera publicación de Lili Mendoza, lo siguiente:

Corazón de Charol A-gogó es una bomba. Una explosión. Un atentado terrorista que, sin embargo, no demanda redenciones ni desea aleccionar a nadie. Es sólo la escritora y su pluma. Son sólo un puñado de personajes que retratan seres al borde del abismo. Un cuadro modernísimo con aire a novela gráfica de MARVEL o DC Comics. Estamos ante una obra que, de tan honesta, se vuelve rara en la literatura femenina actual.

Dije eso pero, en realidad, esta obra no es rara en la literatura femenina actual… Esta obra es rarísima, es única en la literatura femenina actual. Voy a decir por qué.

Corazón de Charol A gogó me recuerda, con algunos de sus relatos, las narraciones autobiográficas de Bukowski; con otros, el ritmo seco y preciso de Hemingway. Muy estadunidense, podría pensar alguien, pero la ambientación, las palabras, tiñen las historias con otro matiz, matiz Panamá encendido.

Salvo en A Morales Cruz, que es de otra generación, y algunos escritores de la nuestra: Edilberto González Trejos, mi persona y unos cuantos más, no hay huellas claras en la literatura nacional de los escritores decadentes de Estados Unidos. Era más importante, pues, Colonia Americana No, librarnos de la influencia gringa que reconocer que historia es historia y mestizos somos todos los panameños. Este libro hoy llega como una redención.

Pero el mayor mérito de Lili es arrancarse del pecho su Corazón de Charol A gogó, y mostrárnoslo sangrante y verdadero. Parecía olvidado, sobre todo en la literatura femenina nacional, que narrar es explorarse sin pudores. Es refrescante devolverle la intimidad al acto de escribir y de leer.

Las historias de la colección son de por lo menos, dos naturalezas. Unas nacen de un ojo agudo, acucioso frente a las rutinas urbanas. En ellas están el chiquillo rodeado por los parientes consentidores, el ritual de leer el periódico usado, el suicida armado con un automóvil a punto de arrancar, la deseada chica malax, el mago que la pobreza hizo desaparecer y el odio encerrado en una oficina de lunes a viernes. Están el cadáver olvidado, el seteo milagroso, la televisión devoradora, un párroco que se confiesa hombre y deseo, el alcohol, el cigarrillo, la Gran Depresión.

EL otro conjunto de narraciones son, si se quiere, simbólicas; salimos del espacio concretamente urbano para caminar entre brujas, fratricidas bíblicos, figuras geométricas que rumian complejos, tejidos psicotrópicos y desmanchadores de almas.

Es improbable no ver Lili entre las páginas, a Lili como persona. Yo tuve el gusto de conocerla durante uno de mis talleres y supe que, tanto en su vida como en su obra, la Luna le habla al oído. Vean la portada de esta publicación, por ejemplo. Para los que aún estamos en los treintas, ¿no es un collage del interior de nuestros años? ¿No es esta portada en sí, este libro como objeto, una propuesta artística y totalizadora en sí misma? ¿No habla este libro desde su contenido y su contexto?

Y no estamos ante un nacimiento prematuro sino frente a un parto pausado y quizás doloroso. Lili supo esperar. Supo que la literatura, más que aspirar a estar de moda, aspira a ser una verdad que no pase, una roca a la que aferrarse aunque los furiosos ríos del tiempo corran.

En fin, los convido a que se dejen llevar por los latidos de este corazón de charol a-gogó, la primera publicación de Lili Mendoza, una buena primera publicación que sin lugar a dudas es el primer paso de una escritora en todo el sentido de la palabra. Buenas noches.

Fotografía de José Luis Rodríguez P.

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