Hagan silencio que el año está cansado y desea dormir. Dio trescientas sesenta y cinco zancadas, veinticuatro suspiros y mil cuatrocientas cuarenta sonrisas.No le pidas más que se deviela, que crujen sus tornillos y el rodillo caminador. Después de todo, él no deseó ser máquina; el papel se lo impusimos nosotros y a quienes obedecimos.
Él quiso ser mujer. Así, a secas.
Silencio, que es suficiente con su llanto, con sus sollozos de trabajador rendido y dador siempre dispuesto.
Silencio que, ahora que se acaba, es inaguantable su impotencia: en el fondo sólo quiso ser buena madre.
Texto de Carlos Wynter Melo
Cuadro de Evan López












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