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domingo, 12 de diciembre de 2010

Palabras de Alberto Cabredo en una noche de FUGA: Sobre el oficio de escribir...

En la fotografía aparecen Carlos Wynter Melo, Alberto Cabredo y Ariel Barría, en ocasión de la presentación de Calígine Urbana, cuarto libro de Alberto Cabredo...

Toca aplaudir esta iniciativa de Editorial Fuga, de reunirnos a escritores y lectores nacionales para compartir, finalizando el año, nuestro interés por la literatura. Editorial Fuga se formalizó el 10 de enero de 2010 y a la fecha ha publicado once (11) títulos – diez (10) individuales y uno (1) colectivo, o sea que, bien mirado, ha publicado un promedio de un título al mes. Vaya comienzo, y que empuje el de sus progenitores. Además, lleva a cabo de manera ininterrumpida talleres literarios que han generado un representativo número de nuevos escritores y en adición, vende libros electrónicos y debo agregar, que en una afán de promoción cultural que no cesa, ha creado la Fundación para la gestión del arte, que a principio de año tiene entre sus proyectos editar 100,000 trípticos con cuentos breves de autores panameños, repartidos de manera gratuita a fin de repartirlos en supermercados, farmacias, escuelas y locales comerciales, entre otros sitios, para contribuir al desarrollo cultural con una mayor presencia literaria, dado que esta actividad será realizada cada trimestre.

Felicitaciones a Editorial Fuga ¡!!!.

Pensé comentarles hoy el libro colectivo nacido en razón de uno de los talleres literarios en mención, llamado Déjame contarte, sin embargo la naturaleza de esta reunión me ha convocado a hablarles brevemente del oficio de escribir. Y es que, en artículos, entrevistas, reseñas y hasta congresos suele hablarse de escribir como un oficio, incluso cuando se refieren al escritor, al igual que lo hace el propio escritor que se dedica a ello de manera exclusiva o no, ya se trate del quehacer de crear poesía (arte mayor), cuentos breves o no, novelas, ensayos o cualquier otro género literario, esta expresión (oficio) – que en absoluto implica menoscabo – ya que no imagino mayor distinción que dedicarse a producir literatura como labor, tarea, faena permanente o temporaria - puede generar en el lector poco avezado o despreocupado la impresión de que se trata de un quehacer como cualquiera otro, cuando nada más alejado de la realidad.

En la extraordinaria obra de Fernando Burgos titulada “Los Escritores y la creación en Hispanoamérica” - que recomiendo como libro de cabecera - su autor entrevista o recopila opinión de diversos escritores sobre sus ideas respecto a la creación literaria, y vale la pena a este respecto plasmar en este pequeño artículo que me permito someter a su consideración, lo que algunos de dichos escritores expresa sobre trabajar con la palabra para hace nacer la imagen literaria. Sobre esto último, el autor en el prólogo de la obra dice: “…El mundo y el lenguaje son imágenes desde las cuales se construye el ser humano quien adviene en esta óptica otra imagen a la cual, sin embargo, se le ha permitido la libertad de recrearse infinitamente, fondo vasto y propagativo desde donde surge el conocimiento sin horizontes ni definiciones. Esta dimensión nos lleva a la propuesta fenomenológica de la imaginación sostenida por Bachelard para quien: “Una imagen literaria, es un sentido en estado naciente: la palabra – la vieja palabra – viene a recibir allí un significado nuevo. Pero esto no basta: la imagen literaria debe enriquecer con un onirismo nuevo. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo, tal es la doble ficción de la imagen literaria.” Luego entonces, que hermosa tarea la del escribidor agregamos nosotros.

En este orden de ideas, Julio Cortazar, en la obra Papeles inesperados manifiesta también: “En primer término la creación como tal no tiene un límite, un momento en que pueda considerársela acabada como una carrera profesional o una especialización con fines precisos. El creador se está formando incesantemente a sí mismo, es de alguna manera su propio maestro en la media en que crear es abrirse al mundo para regresar con un contenido cada vez más enriquecedor, en un proceso como de respiración vital y espiritual que se traduce en una obra y que se apoya en ella para continuar el ciclo infinito, la gran aventura humana del arte y del pensamiento. …”

Entonces, que mayor y más altruista oficio que el de crear, que el de asumir el desafío de narrar - en cualquier género literario -, para brindar al lector el placer de asomarse a la ventana de las situaciones más variopintas, reales o ficticias, que le ofrece el que escribe, además de absorber de paso reflexiones y cocimientos de toda clase y naturaleza.

A este respecto, vienen a ocasión las palabras que expresa Gabriel García Márquez, consignadas en la obra Los Escritores y la creación en Hispanoamérica, cuando señala bajo el título “El enigma de los paraguas”: “…Lo que más me importa en este mundo es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella, morir de hambre, frío o lo que sea con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar, que al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada? Alguna vez creí –mejor dicho, tuve la ilusión de creer- que iba a descubrir de pronto el misterio de la creación, el momento preciso en que surge una idea. Pero cada vez me parece más difícil que ocurra eso.” Y a este comentario no podemos dejar de hermanar lo que nos dice Rubén Bareiro Saguier en la obra en mención bajo el título “La Entraña de los Sueños”: “Hace poco me enteré de ciertas investigaciones científicas de dos prestigiosas Universidad Norteamericanas (Columbia y Harvard) en donde se ha detectado que nuestro planeta posee un núcleo interno de hierro candente que gira más de prisa que la espesa costra de la tierra y de manera casi independiente. Creo que es lo que ocurre con la escritura. El acerado corazón caliente hecho de palabras se libera de las ataduras lógicas, de la cordura racional y elabora su propia dinámica. La obra literaria es la tempestad, la inundación, el terremoto, la aborrasca, el vendaval, la sequía, la tormenta…producidos por la apelación de los latidos en el pecho del escritor, a la imagen de los ritmos diferentes entre las entrañas y la cáscara de nuestra vieja morada terrestre.”

He aquí la mejor expresión del que es llamado a plasmar en el papel el producto de la imaginación y la experiencia, en un esfuerzo a veces hasta desgarrador dirigido a gestar un texto que transmita al lector - dentro de los márgenes del género literario escogido - lo que brota de las entrañas del escritor como necesidad imperiosa que lo justifica y a veces, hasta lo redime, sea con una trama parcial o absolutamente imaginaria. Allí la esencia y razón del mandato que convoca al escritor, y la grandeza de su empeño que en muchas ocasiones resulta vehículo de estímulos y acontecimientos que incluso pueden estar más allá de su propia comprensión al narrar. Y por todo lo planteado en este artículo, cuando hablamos de escribir, hablamos de una magia, hablamos de una dimensión creativa que trasciende el significado, medida y linderos de las palabras oficio, tarea, labor, faena o trabajo.

Para terminar, quiero consignar que en el día de ayer apareció en el aparte del diario La Prensa, denominado Vivir Más, un artículo sobre el estrenado Nobel de literatura, Vargas Llosa, que se titula Palabra de Nobel en que el escritor en mención señala: “…gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró,… la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso ni siquiera existiría.”

Por todo lo dicho, brindo por todos ustedes, escritoras y escritores, lectores y lectores, para que sigan sembrando estrellas en los surcos y hagan nacer nuevas constelaciones en la mente de todos los amantes de la literatura.

ALBERTO O. CABREDO E.

viernes, 3 de diciembre de 2010

FUGA editorial llega a sus 11 meses y los festejará en grande.

Este viernes 10 se cumplirán once meses del inicio formal de la editorial FUGA. Terminaremos el año con cerca de la decena de publicaciones y eso no está nada mal, ¿cierto?

Para festejarlo, nos daremos cita en EXEDRA Books, de 7 de la noche a 9. Convocan al evento Alberto Cabredo, la Fundación para la Gestión del Arte, AFP Cooperación Cultural (España) y, por supuesto, FUGA editorial.

Cabe precisar que este año vieron la luz con nuestro sello, obras de Carlos Oriel Wynter Melo, Isabel Burgos, Enithzabel Castrellón, Yolanda Ríos de Morenos, Raúl Altamar, Alberto Cabredo, Sonia Ehlers Prestán y Silvia Fernández-Risco. Y ya están en producción las de Diana Hernández, A Morales Cruz, Ana Lucía Herrera y Leocadio Padilla. Y para el siguiente año, tenemos en fila libros de Álvaro Valderas, otro de Carlos Wynter Melo (la inédita colección que recibió mención de honor en el Concurso Centroamericano Rogelio Sinán 2010) y una o varias novelas de Sonia Ehlers Prestán.

Queremos agradecer el trabajo tesonero de Ruby Wong, Alejandra Zuno, LyJ publicaciones, Álvaro Valderas, Miguel Rico, la gente de EXEDRA Books, la gente del Hombre de la Mancha, Regelio Terán, Sheila Terán, Federico Angulo, Mitzi Turner y a todos los que, de un modo u otro, han dado sus paladas de arena para que se estén produciendo buenos libros en nuestro país.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Sobre el oficio de escribir...

En artículos, entrevistas, reseñas y hasta congresos suele hablarse de escribir como un oficio, cuando se refieren al escritor, al igual que lo hace el propio escritor que se dedica a ello de manera exclusiva o no, ya se trate del quehacer de crear poesía (arte mayor), cuentos breves o no, novelas, ensayos o cualquier otro genero literario, esta expresión (oficio) – que en absoluto implica menoscabo – ya que no imagino mayor distinción que dedicarse a producir literatura como labor, tarea, faena permanente o temporaria - puede generar en el lector poco avezado la impresión de que se trata de un quehacer como cualquiera otro, cuando nada más alejado de la realidad.

En la obra extraordinaria de Fernando Burgos titulada “Los Escritores y la creación en Hispanoamérica” - que recomiendo como libro de cabecera - su autor entrevista o recopila opinión a diversos escritores sobre sus ideas sobre la creación literaria, vale la pena a este respecto plasmar en este pequeño artículo que me permito someter a su consideración, lo que algunos de dichos escritores expresa sobre trabajar con la palabra para hace nacer la imagen literaria. Sobre esto último, el autor en el prólogo de la obra dice: “…El mundo y el lenguaje son imágenes desde las cuales se construye el ser humano quien adviene en esta óptica otra imagen a la cual, sin embargo, se le ha permitido la libertad de recrearse infinitamente, fondo vasto y propagativo desde donde surge el conocimiento sin horizontes ni definiciones. Esta dimensión nos lleva a la propuesta fenomenológica de la imaginación sostenida por Bachelard para quien: “Una imagen literaria, es un sentido en estado naciente: la palabra – la vieja palabra – viene a recibir allí un significado nuevo. Pero esto no basta: la imagen literaria debe enriquecer con un onirismo nuevo. Significar otra cosa y hacer soñar de otro modo, tal es la doble ficción de la imagen literaria.” Luego entonces, que hermosa tarea la del escribidor.

En este orden de ideas, Julio Cortazar, en la obra Papeles inesperados manifiesta también: “En primer término la creación como tal no tiene un límite, un momento en que pueda considerársela acabada como una carrera profesional o una especialización con fines precisos. El creador se está formando incesantemente a sí mismo, es de alguna manera su propio maestro en la media en que crear es abrirse al mundo para regresar con un contenido cada vez más enriquecedor, en un proceso como de respiración vital y espiritual que se traduce en una obra y que se apoya en ella para continuar el ciclo infinito, la gran aventura humana del arte y del pensamiento. Lo que el creador va dando en forma de libros…, el producto de esa auto-deformación implacable e insustituible, entra entonces y sólo entonces, en el Dominio Público, se vuelve formación del público cuando llega el día en que…, editan, comentan y difunden la obra del creador”.

Entonces, que mayor y más altruista oficio que el de crear, que el de asumir el desafío de narrar - en cualquier género literario -, para brindar al lector el placer de asomarse a la ventana de las situaciones más variopintas, reales o ficticias, que le ofrece el que escribe, además de absorber de paso reflexiones y cocimientos de toda clase y naturaleza.

A este respecto, vienen a ocasión las que expresa Gabriel García Márquez, consignadas en la obra Los Escritores y la creación en Hispanoamérica cuando señala bajo el título “El enigma de los paraguas”: “…Lo que más me importa en este mundo es el proceso de la creación. ¿Qué clase de misterio es ése que hace que el simple deseo de contar historias se convierta en una pasión, que un ser humano sea capaz de morir por ella, morir de hambre, frío o lo que sea con tal de hacer una cosa que no se puede ver ni tocar, que al fin y al cabo, si bien se mira, no sirve para nada? Alguna vez creí –mejor dicho, tuve la ilusión de creer- que iba a descubrir de pronto el misterio de la creación, el momento preciso en que surge una idea. Pero cada vez me parece más difícil que ocurra eso.” Y a este comentario no podemos dejar de hermanar lo que nos dice Rubén Bareiro Saguier en la obra en mención bajo el título “La Entraña de los Sueños”: Hace poco me enteré de ciertas investigaciones científicas de dos prestigiosas Universidad Norteamericanas (Columbia y Harvard) en donde se ha detectado que nuestro planeta posee un núcleo interno de hierro candente que gira más de prisa que la espesa costra de la tierra y de manera casi independiente. Creo que es lo que ocurre con la escritura. El acerado corazón caliente hecho de palabras se libera de las ataduras lógicas, de la cordura racional y elabora su propia dinámica. La obra literaria es la tempestad, la inundación, el terremoto, la aborrasca, el vendaval, la sequía, la tormenta…producidos por la apelación de los latidos en el pecho del escritor, a la imagen de los ritmos diferentes entre las entrañas y la cáscara de nuestra vieja morada terrestre.”

He aquí la mejor expresión del llamado a plasmar en el papel el producto de la imaginación y la experiencia, en un esfuerzo a veces hasta desgarrador llamado a gestar un texto que transmita al lector - dentro de los márgenes del género literario escogido - lo que brota de las entrañas del que escribe como necesidad imperiosa que lo justifica y a veces, hasta lo redima, ya sea una trama parcial o absolutamente imaginaria. Allí la esencia y razón del mandato que convoca al escritor, y la grandeza de su empeño que en muchas ocasiones resulta vehículo de estímulos y acontecimientos que incluso pueden ir más allá de su propia comprensión al narrar. Y por ello, cuando hablamos de escribir, hablamos de una magia que trasciende el significado, medidas y linderos de las palabras oficio, tarea, labor, faena o trabajo.


De Alberto O. Cabredo

domingo, 14 de noviembre de 2010

Chimanda Adichie: el peligro de una sola historia.

No he leído a esta escritora, Shimanda Adichie, pero esta conferencia está llena de luz y sabiduría. Dios mío, lo que ha puesto en palabras es excepcional: una síntesis que es una perla de humanismo y esperanza. Vean y escuchen esto de principio a fin, no se arrepentirán...


martes, 26 de octubre de 2010

Palabras en la presentación del libro Calígine Urbana, por Alberto Cabredo.

Como todos saben, los cambios económicos y sociales avanzan con mayor rapidez que los acomodamientos psicológicos que todos realizamos, para ajustarnos a las altas y bajas que a diario se imponen, y si a esto añadimos la indolencia que nos causa ser testigos, año tras año, de problemas que parecen destinados a no resolverse jamás o estar archivados en un cajón cuya nombre es: “Asuntos que resolverá el tiempo”, no podemos menos que plasmar, como protagonistas del espacio - tiempo en que vivimos, lo que se sucede a contrapelo del progreso en una urbe capitalina que el lector identificará con mucha facilidad en este libro.

Con relación a lo expresado, me permito citar al escritor Mario Vargas Llosa, reciente Premio Nobel de Literatura, que en su obra El Viaje a la Ficción señala: “Todo lo que sea sueño, fantasía, Apocalipsis, fuga hacia lo imaginario, ha prendido en América Latina con facilidad, y, viceversa, los empeños por enraizar las empresas políticas y sociales en la realidad, siguiendo los ejemplos exitosos…, han fracasado por ese desapego «sanmariano » continental por lo racional y posible en nombre de lo irracional o lo onírico…, esa disposición catastrófica desde el punto de vista político, social y económico y razón de ser de nuestro subdesarrollo, ha servido, paradójicamente, para estimular las aventuras imaginarias y producir creaciones literarias y artísticas de gran fuerza y originalidad, como lo son las utopías y mitologías creadas por un Borges, García Márquez, un Rulfo, un Cortazar y un Carpentier. Y, por supuesto un Onetti. Curiosamente, es éste quien pese a su desprecio por la literatura comprometida y su desdén con las obras literarias con mensaje, gracias a su intuición, sensibilidad y autenticidad, fantaseó un mundo que, de esa manera indirecta y simbólica del arte para expresar la realidad, mostró una verdad profunda y trágica de la condición Latinoamericana”.

A este respecto, aunque el escritor entienda que la fantasía es cónsuna con la Literatura, no puede desapegarse consciente o inconscientemente del mundo en que vive; y por ello, unos más y otros menos, tienden a plasmar posiciones frente a su realidad o la de otros. Y este es el caso de “CALÍGENE URBANA”, en que he querido convertirme en un Cronista, a veces irónico, que anhela, que dentro de 50 años, si alguien lee esta obra, se alegre de que ya no ocurran algunas cosas que en ella se narran. En este orden de ideas, quiero manifestar que atiendo simplemente al interés superior de convocar al lector, de forma alusiva o indirecta, a propender al bien común y la solidaridad humana, sin ser en este intento, para nada, panfletario.

En la obra Así se escribe un cuento de Mempo Giardinelli, el escritor del siglo XIX Juan Filloy expresa algo que quizás algunos escritores presentes cuestionarían por lo rotundo del señalamiento, cuando indica: … El escritor es un notario público; debe aprovechar los datos de la realidad circundante, y aderezarlos poniendo imaginación. El escritor que no tenga imaginación que se corte la mano, que no escriba. La imaginación es el 90 por ciento de una obra. Pero el escritor participa un poco de esa tarea de Tabelión antiguo. Tabelión quiere decir escribano; vienen del latín. En portugués también. Y en castellano existe - búsquela en el diccionario – aunque no se usa. Ya ve. El escritor debe absorber los datos de la realidad.

Julio Cortazar, en la obra Papeles inesperados expresa por su parte en torno a esto: “En primer término la creación como tal no tiene un límite, un momento en que pueda considerársela acabada como una carrera profesional o una especialización con fines precisos. El creador se está formando incesantemente a sí mismo, es de alguna manera su propio maestro en la media en que crear es abrirse al mundo para regresar con un contenido cada vez más enriquecedor, en un proceso como de respiración vital y espiritual que se traduce en una obra y que se apoya en ella para continuar el ciclo infinito, la gran aventura humana del arte y del pensamiento. Lo que el creador va dando en forma de libros…, el producto de esa auto-deformación implacable e insustituible, entra entonces y sólo entonces, en el Dominio Público, se vuelve formación del público cuando llega el día en que…, editan, comentan y difunden la obra del creador”.

“CALÍGENE URBANA” ofrece un vistazo a diversos quehaceres y hechos de una historia que no se detiene y avanza con éxito o tropiezos en una rueca sin fin. Se plasman desde hechos históricos hasta situaciones nacionales. Esto ocurre en un dialogo íntimo con el lector y la ciudad, en que el que está leyendo llega incluso a dialogar con los personajes, entre los cuales se incluyen desde un conductor de volquete a una funcionaria pública pensionada, o un médico que persiste en salvar a los que caen en la persistente espiral de violencia que azota la ciudad. Todos estos personajes te invitan a sentar con un café o sin él, para apostrofarte o contarte sus más guardadas querencias quejas y dolores. Ahora, esto no significa en absoluto que la obra tenga un carácter pesimista, por el contrario, convoca a la pro-actividad, al valor, a la dignidad, a la entereza, a la perseverancia, hermana de la esperanza y ante todo, a la fraternidad como fórmula que explica y sostiene la democracia que está llamada siempre a ser participativa y equitativa.

Tomás de Mattos en la obra de Fernando Burgos titulada: Los Escritores y la creación en Hispanoamérica, reza que: “ Si la ficción es un ensueño para vivirlo en vigilia, quien verdaderamente lo sueña es el lector. El texto funciona meramente como un programa que contiene los estímulos, pero el titular de la evocación, quien descubre o desecha sus sentidos, es el lector…Él es quien decide las relaciones entre los acontecimientos, sus consecuencias y sus deshelases; quien determina la importancia de los personajes; quien le consiente sus parlamentos o los manda a callar o resume lo que dicen”. Y de esta realidad que nos devela el escritor Tomás de Mattos se desprende que el escritor y el lector se vuelven uno en la lectura, se funden en la lectura, haciendo nacer incluso un desenlace que no escribió, previó o imaginó el escritor, lo que hace la aventura de narrar una experiencia enriquecedora en que, el que cuenta y el que lee, hacen juntos el Cuento. ¡Por eso declaro que, Narrador y Escritor caminan de la mano para ser mejores a través del Arte!

En “CALÍGENE URBANA”, yo y ustedes reclamamos varias cosas, por ejemplo, en el cuento “Huyen las calles”, un ciudadano de edad avanzada reclama airadamente que el progreso inmobiliario borra sus memorias, cuando dice con voz enojada:

“La ciudad se me derrite entre los dedos, se va como si la alejara, ¡acaso no ve que es al revés, que quiero atajarla para que no se evapore! La urbe que conocí la andan cambiando, casi como una conspiración. Nadie pide permiso, fracturan y derriban todo. Borran los parques, ¡mis parques!, esos en que hice estallar un beso y tomé la cintura de la luna mientras me dejaba hacer. Se me van las esquinas y sus postes de luz, todo me lo quitan…

Desdibujan el entorno que me era inalterable y hoy me resulta semilla entrañable por su ausencia. ¿Para qué esos nuevos y enormes edificios que nadie ocupa, qué malditas razones hay detrás todo esto? ¿Nadie piensa que borra visiones y vivencias? ¿Nadie intuye que hay lugares que están gravados en la gente, aunque les quiten pedazos enteros y arrojen sobre ellos una avenida, una fuente, o elevadores panorámicos? ¿Nadie entiende que nada es lo mismo sin el que vendía periódico a gritos, sin la doña que ofrecía el secreto de la flora del monte, sin aquella hilera de vendedoras de billetes que no cabrán ahora entre tanto lujo? ¡Por dónde quieren que ande hoy mi caudal, si los sitios me son ajenos, si esconden y cambian la ciudad que mi memoria añora!

¡Sí, sí! serán sitios limpios y modernos donde el sol se distraerá lanzando mil reflejos, pero no guardarán el dejo ni la magia de aquella ciudad desde la cual se está gestando la nueva. Aquella, la vieja, la del brinco sobre el charco eterno, de la hierbita que picaba cuando jugabas pelota, la del zaguán de la gorda que vendía empanadas, y aquella otra doña del pescado frito y el hojaldre, ¡ni recordar el viejo cine con su doble tanda y la tiendita del tableño!

Que se nos va la ciudad, que se pierde y nace otra, otra que la relevará, que no es mi espejo y no es su sombra. La nueva dará sus frutos. La mía, terminará reducida a fotos grises y añejas, allá en la pared de alguna biblioteca, y esta tragedia a ninguno de ustedes le importa, …

Quiero terminar con las palabras de Charles Baudelaire: “… ¿No es asombroso que esta idea tan sencilla no ilumine todos los cerebros?; que el Progreso (en la medida que hay progreso) perfecciona el dolor en la proporción en que afina la voluptuosidad, y que si la epidermis de los pueblos se hace cada vez más delicada, evidentemente sólo persiguen una Italiam fugientem, una conquista que pierden al minuto siguiente, un progreso que se niega sin cesar a sí mismo. …”

Contra esta situación, hay que tomar en cuenta las palabras del autor de Conversaciones en la Catedral, La guerra del fin del mundo, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el Escribidor, que en un artículo de periódico nos dice: …Y pensé en lo maravilloso que es la vida que los hombres y las mujeres inventamos, cuando todavía andamos en taparrabos y comiéndonos los unos a los otros, para romper las fronteras tan estrechas de la vida verdadera, y trasladarnos a otra, más rica, más intensa, más libre a través de la ficción.

Y yo agrego, de esa ficción que nos hace mejores o no a través de la literatura y las artes, que de una manera u otra nos convocan a la fraternidad como causa primera y última de la vida en sociedad. Y a esa fraternidad como símbolo de la existencia humana los llamo esta noche con “CALÍGENE URBANA”.

lunes, 25 de octubre de 2010

El Nobel y el libro electrónico / Andrés Oppenheimer para el Nuevo Herald

Una de las cosas que más me llamaron la atención durante una larga entrevista que le hice días atrás a Mario Vargas Llosa con motivo de su bien merecido Premio Nobel de Literatura fue lo que me dijo sobre el futuro de la literatura en la era del libro electrónico.

Apenas unas semanas antes de que la Academia Sueca le otorgara el galardón a Vargas Llosa, Amazon.com --la librería de Internet que está entre las principales empresas vendedoras de libros de Estados Unidos-- había anunciado que ya está vendiendo más libros electrónicos que libros de tapa dura. La empresa Forrester Research, a su vez, proyecta que se venderán unos 100 millones de libros electrónicos en Estados Unidos este año, comparados con 30 millones que se vendieron el año pasado.

¿Lo pone nervioso todo esto?, le pregunté al flamante premio Nobel. El escritor peruano, el primer latinoamericano que ha ganado el Nobel de literatura en los últimos 20 años, respondió que ``el libro electrónico es una realidad que está allí, y yo creo que es indetenible''. Agregó que ``es un libro que va a facilitar muchas cosas. Vamos a poder viajar con una biblioteca en el bolsillo, por ejemplo. Eso es algo notable''.

``Pero yo creo que siempre hay un riesgo de que la literatura que se escriba para las pantallas le dé mucha entrada a la trivialización, a la banalización, a un empobrecimiento del tipo intelectual'', señaló.

``Es algo que ha pasado por ejemplo con la televisión. La televisión es por una parte una fuente extraordinaria de información, pero por otra parte los productos que se crean para televisión son muy triviales, muy banales, comparados con los productos creativos que llegan a los libros''.

Y añadió: ``Creo que es algo contra lo que deberíamos precavernos intentando que el libro electrónico mantenga lo que ha sido la literatura, y por supuesto en sus exponentes más grandes, más creativos.''

¿Usted ya tiene un libro electrónico?, le pregunté. Cada vez que viajo en avión veo más gente a mi alrededor leyendo libros electrónicos, agregué.

``Yo también he visto mucha gente leyendo en los aviones el libro electrónico, y tengo que confesar que he sentido un cierto estremecimiento hace algunos días cuando entré a una gran librería del barrio en la Quinta Avenida de Nueva York y me encontré que toda la primera planta estaba prácticamente dedicada a promover el libro electrónico. Los libros de papel, que para mí era la idea inseparable del libro, habían sido expulsados a las plantas superiores de la librería'', señaló.

¿En 10 años habrá libros de papel, o sólo existirán libros electrónicos que más que literatura ofrecerán una combinación de textos, videos y música?, pregunté.

Vargas Llosa respondió: ``Creo que el libro en papel va a sobrevivir, pero probablemente va a ir siendo arrinconado a un margen y al final estará en camino a la catacumba. Quizás este libro marginal compense de alguna manera su audiencia menor con un mayor rigor, con una mayor calidad, con una mayor creatividad. Creo que quedará siempre una minoría de lectores que seguirá prefiriendo el viejo libro de papel, de tinta, que podrá desglosar antes de leerlo, acariciarlo, o como hacía para saber si un libro era bueno o malo un gran amigo mio y gran poeta mexicano, José Emilio Pacheco, poder olerlo''.

Mi opinión: Los temores del premio Nobel están bien fundados. El libro de papel va a sobrevivir, pero no va a poder competir con libros electrónicos que no sólo permiten cliquear sobre una palabra y encontrar su significado en el diccionario, sino también enriquecer el texto mediante imágenes, videos y música. No me extrañaría que muy pronto, los libros electrónicos tengan más efectos visuales que el texto escrito.

Eso será una mala noticia, porque para muchos de nosotros leer es algo pro activo --y más enriquecedor-- que mirar. Cuando leemos, podemos detener nuestra mirada en mitad de una oración, pensar en ella, y saborear las palabras durante todo el tiempo que queramos. Cuando miramos un producto multimedios, podemos oprimir el botón de ``pausa'', pero somos principalmente espectadores pasivos.

Si los libros electrónicos pasan a ser más visuales que otra cosa, la solución no será combatirlos --serán una herramienta formidable para la educación, además del entretenimiento-- sino llamarlos de otra manera.

Deberíamos llamarlos Pantallas de Entretenimiento Portátiles, o Tabletas Digitales Educativas, cualquier cosa menos ``libros'' electrónicos. Porque aunque la industria editorial nos diga otra cosa, no serán libros.

viernes, 1 de octubre de 2010

Talleres literarios en Panamá: inauguración el 13 de octubre en la Biblioteca Nacional

El 13 de octubre a las 7 de la noche y en la Biblioteca Nacional de Panamá, se inaugurará el programa Talleres Literarios en Panamá. Este proyecto ha sido organizado por AFP Cooperación Cultural (España) y la Fundación para la Gestión del Arte (Panamá), recibe la financiación de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y cuenta con la cooperación de una gran cantidad de organizaciones panameñas y españolas. A este taller puedes inscribirte gratuitamente. Haz clic en la imagen para acceder a la nota de prensa completa.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Presentación del libro "En libertad editorial"

Imaginemos, por un momento, que las mujeres de todos los países árabes, escondidas bajo sus burkas, crearan un pequeño grupo terrorista, se aliaran con feministas y empresarias de Europa y Estados Unidos y decidieran imponerse en el mundo, empezando por sus esposos. Nada las detendría. Hay una frase en inglés: "hell had no fury like a woman scorned", o "el infierno no tiene la furia de una mujer despreciada". Muy cierto.

Fragmento del artículo "Brujas: las mujeres del ayer, del hoy y del mañana" del libro En libertad editorial de Raúl Altamar.

Esta publicación se presentará el jueves 7 de octubre a partir de las 5:30 de la tarde en la Sala de Uso Múltiple de la Biblioteca Nacional, tercer piso (la Biblioteca cierra sus puertas a las 6:30 de la tarde). Invitan cordialmente: FUGA editorial, La Fundación para la Gestión del Arte y el autor, Raúl Altamar.

Premio Latinoamericano de literatura infantil y juvenil Norma-Fundalectura

Desde 1996 Fundalectura y el Grupo Editorial Norma convocan este premio anual que busca estimular la creación de obras literarias para niños y jóvenes en América Latina.

Uno de los más importantes en la región, este Premio concede un galardón único e indivisible al primer lugar. Editorial Norma publica las obras premiadas y sus autores reciben dinero en efectivo como adelanto de regalías.

Quienes deseen participar en la convocatoria 2011 deben enviar a Fundalectura una obra narrativa inédita (cuento o novela), de tema libre, destinada a los niños.

Pueden participar solo autores adultos, ciudadanos de países latinoamericanos. Las obras concursantes pueden presentarse en español o en portugués, deben ser inéditas y estar libres de compromisos editoriales.

Las obras deben enviarse a las empresas del Grupo Editorial Norma en Iberoamérica o a Fundalectura, en la diagonal 40 A Bis No 16 – 46. Bogotá, Colombia, antes del 15 de noviembre próximo.

Presione el botón izquierdo del ratón sobre la imagen para acceder a las bases de este concurso.


miércoles, 8 de septiembre de 2010

El Futuro en Hungría, 2011; y en Estados Unidos, 2012...

En este camino confuso del nuevo milenio, la literatura joven ha tenido que dejar las brújulas a un lado y avanzar como los exploradores más atrevidos, tomando riesgos.
Cuando Mosivais siguió a Saramago tan pronto, tan decidido, hacia la muerte, me pareció que el mundo se acababa. Pero quizás fui exagerado y lo que acababa era una parte del mundo, el mundo conocido.
Como sea, es obvio que ya no hay de donde asirse y lo que resta es caer en el precipicio espantable de la literatura. Estos tiempos no son de quienes teorizan sobre ellfuturo sino de quienes crean el futuro.
Y entonces pienso en Diego Trelles.
Ya lo he dicho en otra ocasión, pero vale la pena repetirlo, potenciarlo: Diego Trelles es una persona singularísima. Parece ser omnipresente y, con esto de lo virtual, hasta evanescente. Metió en su mochila un proyecto llamado EL FUTURO NO ES NUESTRO, antología signada por los nombres de los escritores jóvenes más notorios de la actualidad (Oliverio Coelho y Samanta Schweblin (Argentina); Giovanna Rivero (Bolivia); Santiago Nazarian (Brasil); Antonio Ungar y Juan Gabriel Vásquez (Colombia); Ena Lucía Portela (Cuba); Andrea Jeftanovic y Lina Meruane (Chile); Ronald Flores (Guatemala); Tryno Maldonado y Antonio Ortuño (México); Marìa Pérez Cuadra (Nicaragua); Carlos Wynter Melo (Panamá); Daniel Alarcón y Santiago Roncagliolo (Perú); Yolanda Pizarro (Puerto Rico); Ariadna Vásquez (Rep. Dominicana); Ignacio Alcuri (Uruguay) y Slavko Zupcic (Venezuela)) y se fue de paseo a Argentina, Chile y Bolivia. En cada uno de estos países dejó su evangelio. Y ahora EL FUTURO... aprendió nuevos idiomas: húngaro, inglés... El inglés, de la mano de la editorial OPEN LETTER de Rochester, Nueva York. ¿Qué nos depara?

Fotografía extraída de piedepagina.com

jueves, 26 de agosto de 2010

Inició la Feria del Libro de Panamá: fuga de a cuatro...

Ayer a las 5 de la tarde se presentaron cuatro libros de Fuga editorial, en el marco de la Feria del Libro de Panamá...
Por más que organicemos el momento, no somos dueños del momento: hay un hilo amontonado que aún no se comprende con la cabeza. Está bien, pues, la magia: que un grupo de personas coincidan sin pensarlo mucho, que los temas se entrelacen y hagan una trenza perfecta siendo que todo es tan imperfecto.
El Niño que tocó la luna, La Comarca Ngöbe-Buglé, En libertad editorial y la Presencia de Pedro Prestán incendiándonos dentro, como un fantasma entusiasmado.

En la foto aparecen en el orden usual: Sonia S. Ehlers Prestán, Raúl Altamar, Carlos Oriel Wynter Melo, Yolanda Ríos de Moreno e Isabel Burgos.

martes, 17 de agosto de 2010

FUGA en la sexta Feria del Libro de Panamá...

Abajo va un breve promocional de la próxima Feria del Libro. El mismo es parte del programa televisivo, presentado por Ana Lucía Herrera, BUENA IDEA.

domingo, 11 de julio de 2010

En el país de los ciegos, no queda más que seguir al rey

Yo no quiero habitar la casa que me han impuesto porque, uno u otro cuarto, es la misma vaina. Yo quiero construir otra casa. Luchar contra el error es darle fuerza al error. Yo prefiero construir el acierto. El rey de nuestra ciudad lo es también de quienes se le oponen. Que ya no sea tu rey; no le obedezcas, no le hagas caso. Mientras él reprime a nuestra población indígena, hagamos libros con valores indígenas. Si él propone talar árboles, sembremos una parcela, reciclemos. Que nadie lo siga, que se quede solo. Dile a los ciegos que el emperador está desnudo y ya no temerán al emperador. Andemos otro camino en vez de pararnos frente al que él anda. Él no va a hacer lo que es enteramente nuestra responsabilidad.

Pero eso sí, si se pone en nuestro trecho, sigue sin detenerte.

lunes, 28 de junio de 2010

Autores panameños que se presentarán durante la Feria del Libro de Panamá

En el marco de una feria del libro que promete ser memorable, algunos autores panameños ya han confirmado su participación.

FUGA editorial presentará formalmente seis títulos: "El niño que tocó la luna", de Carlos Wynter; "La Comarca Ngöbe-Buglé", de Yolanda Ríos de Moreno; y "En libertad editorial", de Raúl Altamar. Estas tres publicaciones giran en torno a la profundización de la nacionalidad panameña, tanto por el lado indígena como el urbano.

La cultura está ahí, pues, pero hay que iluminarla, hacerla consciente.

En otra mesa tendremos a las autoras Enithzabel Castrellón, Isabel Burgos y Silvia Fernández-Risco. La excusa es perfecta para cuestionarnos hacia dónde va la literatura femenina actual en suelo panameño.

Además, se presentarán libros editados por nuestra amiga Mariela Sagel: Bitácora del presidente, del Dr. Ebrahim Asvat; y Memorias de una pulga III, de Guillermo Ledezma Bradley.

Sin duda, se sumarán más obras al camino literario que traza nuestro país.

jueves, 24 de junio de 2010

Un mundo desequilibrado.

La bolita del mundo se mueve de un extremo a otro del balancín: el espíritu y la materia. Esta tal vez sea una exagerada simplificación pero, ¿me la permites para construir un razonamiento? Gracias. Seguimos.

Hay quienes desean cantidad de vida – más carros, lujos, logros profesionales… - y existen los que desean calidad de vida – paz mental, amaneceres hermosos, compartir con amistades queridas.

Hay quienes piensan, pues, que el mundo es una competencia de desarrollos económicos, y estamos los que pensamos que la búsqueda material, solamente, no podrá satisfacer por completo a nadie.

En el año 2006 publiqué “El niño que tocó la luna”, una obra que recoge leyendas y narraciones inspiradas en la etnia indígena emberá-wounnan, obra que vio la luz gracias al auspicio de le empresa de energía eléctrica AES. Este año, FUGA editorial publicó una versión bilingüe que ya está en EXEDRA Books y La Cultural Panameña. Además, Yolanda Ríos de Moreno, quien me acompañó en esa aventura con los emberá, publicará pronto “La comarca ngöbe-buglé”.

Mientras nos entrevistábamos con la familia emberá que nos ayudó a general estas historias, el señor Mencha a la cabeza, me di cuenta de que en nuestro imaginario nacional - y es obvio que en el mundial también - estamos desequilibrados. Los valores indígenas han sido repelidos con violencia. El amor a la tierra, la magia, los sueños han sido descartados como resabios de un pasado retrógrado. No obstante, estos principios pueden hoy salvarnos de la hecatombe moral y ecológica que se acerca.