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lunes, 26 de septiembre de 2011

Vielka Vargas: cuando se deshacen de lo que está muy bien, es que están muy mal.

Hace unos instantes supe de la destitución de Vielka Vargas como Directora Nacional de Publicaciones del Instituto Nacional de Cultura de nuestro país...



Lo primero que habría que decir es que es muy mala política, deshacerse de lo que marcha muy bien. Eso lo sabe cualquier persona medianamente inteligente.

¿Qué programas se incumplieron? ¿Qué metas no se alcanzaron? Ni esa excusa cabe. Ni ese argumento se preocuparon por hilar.

No está bien que hagan las cosas tan mal. No nos merecemos que hagan las cosas tan endiabladamente mal.

Parece una persecución contra lo que está bien. Hasta que no quede ningún lugar donde guarecerse.

Siempre se interrumpe el camino por el lado que no estorba. Y al estorboso, se le premia.

Esta es la cultura del estorbo, señoras y señores, de quien nada positivo hace, pero que a buen volumen grita y agrede.

Esta es la cultura del que grita más, del machito que asusta disfrazando su miedo.

Esta es la cultura de quienes tienen miedo, de quienes se disfrazan para que no vean lo débiles que son, lo mal que están.

¿Creen que algo puede taparlos, creen que un traje roto esconde la piel temblorosa?

¿Creen que no vemos que están mal? ¿Eso creen?

¿Creen que no vemos que no están bien? ¿Creen que pueden engañarnos?

¿Creen que pueden decir "Estoy bien cuando en realidad están mal", cuando en realidad saben que están mal?

QUEREMOS QUE LAS COSAS SE HAGAN BIEN, y que quiten los estorbos, y nos devuelvan los caminos, todos ellos.

Porque este país, no es de ustedes...

En la foto aparecen Vielka Vargas y Franz Castro.

martes, 6 de septiembre de 2011

Voces justicieras al oído (reseña de Lourdes Armas (Cuba) sobre el libro Voces al Oído de Alberto O. Cabredo.

Durante la semana del 24 al 28 de agosto del presente año, el recinto Atlapa engalanado para la ocasión, abrió sus puertas a la Feria del libro de Panamá, escritores, editores, universidades y un abundante público del ramo tuvo la oportunidad de hallar en su sede el placer de contagiarse con el misterioso mundo de la literatura.
Llegué con la inseguridad propia que provocan los viajes y los primeros encuentros pero la calma se apoderó de mí al llegar en el stand compartido por las editoriales Fuga Editorial y 9 Signos y más tarde, al compartir con los escritores: Carlos Wynter, Gorka Lasa, Margarita Vázquez y Alberto Cabredo, ya me sentía en casa, prendida a los hilos de una calurosa amistad, ofrecida sin límites y de manera natural.
Entre conversación y presentaciones, buscaba los espacios para dedicarme a la lectura. Los libros de los escritores mencionados, entre otros, ejercieron un gran impacto en mi panorama literario. Guiada por la motivación que provoca la buena literatura, comienzo este texto: 
“Voces al oído”, del escritor panameño Alberto O. Cabredo E. es un libro justiciero, excelente compendio de relatos breves, presentado por Fuga Editorial. Escrito desde la voz de un narrador justo, inquieto y a veces nostálgico que transita por sus textos como un péndulo que va de un narrador omnisciente a un narrador personaje que se funde dentro de la trama hasta perderse de vista y ofrece al lector, una narración limpia y equilibrada.
El libro está compuesto de veinte cuentos, ordenados con exquisito buen gusto, a modo de catalogo literario.  Desde el primer texto se presenta la premisa de unas páginas abiertas al ejercicio de la palabra acusadora, contestataria, donde se exponen desniveles sociales, agravios y discriminaciones del mundo contemporáneo, que en ocasiones,  compara con un pasado mejor y otras, desolador.
Sus relatos son una suerte de clamor justiciero, se me atojan voces que claman al oído del escritor en un afán de denuncia de las injusticias sociales, que oprimen a la raza humana en sus formas más diversas.
Su exhortación queda explicita desde el primer texto con el cuento titulado “Sí, y solo si… “cuyo brevísimo relato, dotado de una deliciosa carga poética, enmarca el conflicto universal de la raza humana: “si no costase tanto un apretón de manos; si y solo si no te midiera, no me midieras, no nos midieran…” abarcadora síntesis de la que se apropia el audaz autor para convencernos acerca de ese gran inconveniente sistematizado en todas las naciones hasta convertirse en una eterna pugna que aún no se consigue resolver, esa intolerancia, con la cual, constantemente juzgamos y somos juzgados por nuestro prójimo pero no queda estrictamente formulada sino va  acompañada de una valiosa propuesta de unión donde no hay espacio a la discriminación: “ si y solo si cantáramos juntos el mismo himno, entonces, y solo entonces, quizás, tal vez, podría ser que en verdad naciera la tan soñada alborada para especie humana”.
A partir de esta propuesta comienza su recorrido para traer a la luz las temáticas de la prostitución, (“Luces y sombras”), la delincuencia y la marginalidad (“Calle 5ta” )(“Cacique”),  la explotación y humillación de la pobreza (“La silla”) (“La foto”), el tránsito abrupto de la adolescencia a la madurez (“El choque) la infidelidad y al mismo tiempo, el reconocimiento al matrimonio y a la familia (“¿veinte años suman?”) y la discriminación a las diferencias físicas (“El hombre elástico”) son entre otros, los argumentos predominante de estos relatos.
Llama mi atención la ternura de Cabredo para describir imágenes violentas, es capaz de apropiarse de una narración suave y a veces poética para narrar las más crudas situaciones, como se revela en el relato “Calle 5ta”.  El autor se vale del discurso de arrepentimiento de un personaje perseguido por recuerdos del pasado para a través de estos datos, darnos la historia de un homicidio, contada por el propio asesino cuya identidad se devela en las últimas líneas del texto, estrategia magistral que atrapa al lector (a) y mantiene su atención hasta el final del relato. Cuento breve, redondo y compacto que expone con exquisitez uno de los conflictos existenciales del ser humano desde la piel de un personaje verosímil que aporta argumentos tan convincentes que nos obliga a identificarnos y comprender al asesino.
Es un acierto del escritor y a mi juicio, un seño característico de esta obra, la destreza de un autor que expone suavidad al lidiar con la temática de la violencia en todas sus manifestaciones. Tanto su lenguaje como las imágenes plasmadas en sus textos denuncian SIN violencia,  LA violencia. 
Hay en Cabredo un sagaz observador de su entorno que le permite sensibilizar al lector acerca de los conflictos y el compromiso del ser humano para la (re)construcción de una sociedad justa. El escritor no se debate con las prostitutas sino que está a su lado, expectante para conceder una trama que devuelve la imagen prostituida como víctima y no como una mujer malsana y desmoralizada a quien es más fácil condenar que ofrecerle apoyo. Así queda reflejado en el relato “Luces y sombras”, desde la primera línea nos informa con una frase poética el oficio de la mujer: “El rojo carmín adorna su boca y anuncia el trote avispado que inicia la marcha de todas las noches.”  Hallo aquí, no el modo amable para representar el oficio más antiguo y sentenciado de la humanidad, es una suerte de erotismo y poesía que acuñan a un autor confiado en la importancia de la palabra, seguro del sitio elegido al narrar.  Y para ser consecuente con su elección (y la mía)  es imposible evitar esta frase: “Con los pobres de la tierra quiero yo mi suerte echar...”  Del escritor y poeta cubano,  José Martí. 
Sí y solo si “Voces al oído”, puede escribirse, si y solo si se está del lado de la pobreza.