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miércoles, 25 de julio de 2012

LA VARIABLE ÉTNICA EN EL MARCO LEGAL DE PANAMÁ, de Alberto Barrow


Presentación del libro VARIABLE ETNICA EN EL MARCO LEGAL DE PANAMÁ por la Dra. Ana Elena Porras. 19 de julio. Biblioteca Nacional. En la foto aparecen en el orden usual CArlos Wynter (escritor y director de FUGA editorial), la Dra. Ana Elena Porras, Alberto Barrow y Alvaro Valderas (escritor y editor de FUGA editorial).

1.- Cómo conocí a Alberto Barrow
Tuve el privilegio de conocer a Alberto Barrow con motivo de la campaña para el Censo Nacional de 2010, que incluía la pregunta de identidad afro descendiente, después de muchas décadas de haber sido eliminada.
Era uno de los líderes naturales del grupo afro descendiente que impulsaba esta iniciativa. Inmediatamente me llamó la atención su personalidad afable, su mente abierta y despierta, su corazón dulce y su fortaleza de carácter, que no claudica ante la adversidad, pero que tampoco alimenta el odio como instrumento para la reivindicación de los derechos de los panameños afro descendientes.
Mientras he tenido el privilegio de participar en los estudios del Observatorio que Alberto dirige sobre el tema de la discriminación contra los panameños afrodescendientes, por invitación suya, pude informarme de que muchos panameños niegan que exista dicha discriminación. Incluso, califican cualquier señalamiento de racismo como una expresión de “complejo” por parte del ofendido. Y descubrí también el sentido del humor de Alberto cuando dice que él, como observador del racismo panameño es, por tanto, necesariamente, un “acomplejado” (lo que me hizo recordar que, de forma semejante, las feministas somos clasificadas por los machistas como “histéricas” o “conflictivas” y que, si deseamos defender el principio de la igualdad, sea étnica o de género, no debemos asustarnos ni dejarnos intimidar con estos calificativos que intentan descalificar a los activistas en pro de los derechos de la humanidad).
2.- Microhistoria de Gloria y la opción por la asimilación en la identidad nacional[1]
Durante mi investigación etnográfica sobre narrativas de identidad nacional de Panamá, conocí a Gloria Clarke, una aseadora del Ministerio de Relaciones Exteriores, quien, al momento de esta entrevista en 1991, era una mujer mayor afropanameña, de aproximadamente 60 años, quien me contó la siguiente historia de su vida:
“Yo nací en la capital, en el Hospital Santo Tomás y fui a la escuela aquí mismo. Estudié 6 años en la Escuela República de El Salvador, Mi mamá era panameña y mi papá vino a Panamá con tres meses de edad desde Martinica. Para mí, él era panameño porque vivió aquí toda su vida hasta que murió. Mi papá conducía buses; él tenía sus propios buses, pero nunca vivió con nosotros. Yo conocí a mis abuelos, los papás de mi papá. Trabajaban para el Canal. Mis abuelos, por parte de mi mamá, vinieron de Barbados y también trabajaron en el Canal. Vivíamos en la Zona del Canal.
Cuando yo estaba chiquita, no me querían reconocer como panameña porque era la época del Presidente Arnulfo Arias y él no aceptaba la nacionalidad panameña para los chombos. Y entonces tampoco me aceptaban en las escuelas de Panamá. Fue gracias a una comadre de mi mamá, quien salió en mi defensa como mi tutora o acudiente, que conseguí ser aceptada en la escuela. Yo tenía entonces como 8 años. Gracias a ella pude demostrar en la escuela que yo era panameña, porque había nacido en Panamá. Me acuerdo que no nos dejaban hablar en inglés en la escuela. La maestra me decía que fuera de la escuela podía hablar lo que yo quisiera pero que, dentro de la escuela, tenía que hablar castellano. Los panameños, al verme, me ven como ´chomba´ porque soy muy negra. Pero mi nacionalidad es panameña. Mi mamá era modista. Vivíamos en la Zona del Canal, éramos zonians y eso fue lo que me jodió porque no podía ir a la escuela de Panamá por vivir en la Zona, pero tampoco podía ir a la escuela de la Zona porque era nieta y no hija de trabajadores del Canal, y no nos cubrían a los nietos en la Zona…
Yo soy una panameña negra y pobre. La gente pobre no está educada y quieren que los panameños que no son pobres y que están más educados peleen por los pobres.
Pero cobardes no somos, porque todos aquí somos echa’ospa´lante: cuando vinieron los americanos (en diciembre de l989), no salimos corriendo y por eso murieron tantos de mis vecinos del Chorrillo. Además fue una guerra de piedras contra balas. Uno lucha por lo suyo, pero somos también bastante pacíficos. Se pelea aquí, porque no somos cobardes, pero tampoco somos violentos. Peleamos por nuestros derechos, hacemos desorden, si se quiere, pero no andamos matando por ahí, como en otros países.
            Tampoco me creo eso de que los panameños somos ´vende patria’ porque, si así fuera, Panamá ya no sería nuestra, ya la hubiéramos vendido hace tiempo. Y la prueba de que no la hemos vendido es que los americanos todavía nos quieren comprar, para después del año 2,000 (ja,ja,jaa).
            Aparte de esto, yo creo que nos vestimos muy bien los  panameños y que esto es algo muy nuestro; ¿sabe? (…) Mire usted los vestidos del diario, por ejemplo, y se dará cuenta de que los panameños nos vestimos muy adecuadamente: un vestido para el trabajo, otro para la calle, otro para las fiestas. Somos muy limpios y bien planchaditos y, sobre todo, muy bien vestidos. Usted no me ha visto bien vestida, doctora, porque siempre me ve limpiando el Ministerio…. Pero yo me visto biiiiiiiiiiiiieeeeeeenboooniiiiiitooooooooooo!!!!
            Y, por favor, ponga al final de su libro que yo le dije: ¡QUE VIVA PANAMÁ!!!”
La nacionalización  y asimilación de Gloria Clarke a la identidad nacional panameña, tal y como se infiere de su historia de vida, fue el resultado de una solución desesperada ante su delicada situación de “ilegalidad” original y las consecuencias de exclusión de los derechos ciudadanos y acceso a los servicios públicos, tanto en la sociedad panameña como la de la Zona del Canal, debido a su condición de étnica, es decir, de su condición racial y sociocultural.
También, esta narrativa deja entrever que la identidad panameña era su segunda opción, después de la imposibilidad de obtener la nacionalidad norteamericana como zonians.
Resulta interesante, además, comparar los modelos culturales contrastantes con respecto al modelo familiar entre la cultura panameña y la cultura norteamericana de la Zona del Canal. En la Zona del Canal, Gloria era excluida de la ciudadanía norteamericana y, por tanto, de los beneficios para  las familias de empleados del Canal, por exceder el modelo de familia nuclear que impera en los EEUU, puesto que Gloria era nieta y no hija de empleados del Canal. En Panamá, por el contrario, a pesar de que corrían los tiempos de la Constitución xenofóbica y racista de 1941, la cultura criolla y su modelo predominante  de la familia extensa, combinada con la institución católica del compadrazgo, que incluye, más allá de la familia extensa, a la familia ritual y simbólica, esto es a los ahijados por el bautismo. Este modelo de familia extensa y ritual de la cultura panameña (latina-católica) salvó a Gloria del limbo jurídico, durante su niñez, ofreciéndole la oportunidad de ir a la escuela y de obtener una identidad nacional, la panameña, en tiempos en que el racismo de Arnulfo Arias, inspirado en el nacionalismo socialista alemán, amenazaba con excluirla.
El sentido del humor y la ironía de Gloria llegan a su más alto nivel en esta narrativa, cuando responde a la acusación extranjera de que los panameños son “vende patria”. Su respuesta elabora una ingeniosa deconstrucción de la negación de Panamá.  Ella revierte las acusaciones hacia los norteamericanos a quienes reconoce como invasores de la patria en 1989 y los redefine, irónicamente, en términos de eternos e incorregibles compradores, reales o imaginarios, de Panamá.
Gloria intenta esbozar una imagen del panameño en términos de auto imagen y carácter nacional, asociadas también con el sentido estético de los panameños en su forma de vestir.  Según sus explicaciones detallistas y femeninas, los panameños expresan su sentido de dignidad y orgullo personal a través de su preocupación por “vestirse bien”, esto es, con ropa limpia y planchada, apropiada para cada ocasión: formal, de trabajo, de calle, de fiesta, de folclor, etc. Ella opina que los panameños, especialmente los panameños pobres y negros, invierten tiempo, imaginación y dinero en su apariencia personal por razones estéticas y de dignidad humana.
En su vivencia de la identidad panameña, Gloria distingue y construye otras categorías constitutivas de su identidad, como son las categorías de raza (“negra” y “chomba”), de clase (“pobre”) y de territorio (“la capital” y “la zona”). Gloria imagina la etnicidad, la clase y la raza como categorías de diferenciación, que adquieren significado, se suman y se integran en la identidad nacional, sin aparente contradicción, cuando afirma simplemente: “soy una panameña negra y pobre”.
3.- ¿Es real la discriminación contra los afro descendientes Panamá?
La respuesta estadística a esta pregunta hubiera dilucidado, de una vez por todas, la duda de quienes niegan la existencia fáctica de discriminación racial contra los panameños afro descendientes. En consecuencia, era perfectamente coherente haber realizado el Censo Nacional de 2010, la inclusión de la pregunta racial, para medir la variable étnica de la distribución económica de Panamá, con criterios estadísticos incuestionables, incluso para quienes la niegan cuando la califican de “complejo” o de mera “percepción”.
A pesar del fracaso del Censo de 2010 en medir la variable étnica afro descendiente, por razones del racismo hegemónico de nuestra sociedad que conduce con frecuencia a su negación o invisibilización, contamos con información histórica, etnográfica y sociológica para identificarlo, describirlo y explicarlo[2].
En efecto, por una parte, y desde el punto de vista histórico y etnográfico, se observa la promoción económica y social de la comunidad afro descendiente en su integración laboral calificada y profesional, con preferencia entre clero y pastores, en la policía y milicia, como profesionales de la educación y la medicina, músicos, intelectuales y funcionarios del sector público principalmente. Su vocación de servicio se hace notoria y ejemplar.
No obstante, y a pesar de estos logros observables,  permanecen todavía grandes poblaciones en condiciones de pobreza y riesgo social más acuciantes entre la población negra concentrada en las provincias de Panamá y Colón, que en la población blanca que habita estos mismos espacios.
También resulta impactante, por otra parte, la práctica penal y carcelaria de Panamá que castiga de preferencia al panameño negro y pobre, mientras deja impune al criminal rico y blanco.
Ahora bien: estudios económicos y sociológicos arrojan la conclusión de que la pobreza extrema de los panameños la sufre con mayor rigor la población indígena. Y la etnografía sugiere que otros grupos étnicos como el chino, hebreo e Indostán (aunque diferenciados económicamente dentro de su propio grupo étnico) logran tanto éxito económico cuanto las élites criollas.
La antropología cultural sugeriría comparar las estrategias económicas y étnicas de cada uno.  Donde los indígenas, si bien que han obtenido logros políticos considerables con la adjudicación estatal de comarcas, se apegan a sus tradiciones económicas de subsistencia, que los mantienen en extrema pobreza; por su parte, los afro descendientes se integran a la clase profesional (pública predominantemente) de nuestra sociedad, logrando una ascendencia socio económica lenta pero segura. Por su parte, los chinos, hebreos e indostanes de Panamá se integran a la economía mercantilista panameña, como empresarios chicos, medianos y grandes, asimilándose al capitalismo de servicios, solidarios dentro de su grupo, mientras cultivan su identidad étnica en otros rasgos de su cultura como son su religión, sus prácticas matrimoniales endogámicas, sus fiestas y rituales comunitarias.
4.-Aportes del estudio de Alberto Barrow de la historia legal sobre la variable étnica en Panamá del racismo eurocéntrico al pluralismo del Estado; de la etnicidad a la identidad nacional del grupo afrodescendiente.
VARIABLE ÉTNICA EN EL MARCO LEGAL DE PANMÁ es una respuesta inteligente del autor para responder a quienes intentan invisibilizar y negar la discriminación racial de Panamá. Al estudiar, históricamente, las leyes y sus prácticas que regulan el acceso a los derechos de ciudadanía de los grupos afro descendientes define un objeto de estudio lo suficientemente “duro”, por escrito y fijo, que permite identificar y cualificar, con evidencia incontestable, la discriminación que ha existido históricamente y que, a pesar de los avances de la democracia y la igualdad de derechos propugnada en nuestras constituciones, hay leyes nuevas y viejas que persisten en la discriminación. Y, por otro lado, siempre en el marco jurídico, la persistente ausencia de reglamentaciones para hacer cumplir las leyes de la igualdad, complementan el cuadro de la discriminación étnica. La estrategia de Alberto Barrow es contundente por observable.
En su contenido, el libro de Alberto Barrow incluye un amplio recorrido desde las primeras exclusiones migratorias por ley en Panamá, las leyes de ciudadanía, las leyes laborables, el Código Penal, de 1904 y 1910. Luego, de manera especial, enfoca la Constitución de 1941, su derogación y reemplazo por la Constitución de 1946, leyes xenofóbicas y racistas así como también leyes positivas por la igualdad y la inclusión, especialmente aquellas que fueron promulgadas posteriormente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Se estudia  también la Constitución de 1972. Identifica y analiza otras leyes, más recientes, de acción afirmativa contra el racismo como la Ley N° 9 del 30 de mayo de 2000,  que crea el “Día de la Etnia Negra Nacional”, la Resolución alcaldicia N° 407 de 2001 contra la práctica de exigir fotografías en los currículos para obtener plazas de trabajo, la Ley 16 del 10 de abril de 2002 sobre el derecho de admisión, la Ley N° 11 de 22 de abril de 2005 que prohíbe la discriminación laboral, el Decreto Ejecutivo N° 124 de 27 de mayo de 2005 que crea una Comisión Especial para el establecimiento de una política gubernamental para inclusión plena de la etnia negra panameña, el Decreto Ejecutivo N° 116 de 29 de mayo de 2007 por el cual se creó y reglamentó el Consejo Nacional de la Etnia Negra para formalizar e institucionalizar la inclusión del grupo afro panameño. Dedica un capítulo especial al Censo de Panamá de 2010 y la invisibilidad estadística de los afro descendientes. Su base jurídica, su conceptualización, historia y fallas en su realización.
Aparte del valioso aporte de Alberto Barrow al identificar, clasificar y analizar el conjunto de leyes con referencia a la variable étnica, su estudio permite un recorrido histórico no siempre linear ni mucho menos ascendente, de malo a mejor, en materia de igualdad; con una visión realista del recorrido ideológico y cultural de nuestra sociedad y de su Estado nacional, con momentos de mayor apertura migratoria y ciudadana, conjuntamente con otros momentos caracterizados por la xenofobia y el racismo; con avances y reveses; con ascendencias y recaídas, en materia de una discriminación racial siempre presente. A pesar de la captación de los avances y retrocesos, coherencia y contradicciones de la democracia liberal y conservadora panameña, la percepción del autor, en términos generales, es optimista en su balance histórico. Incluso, en su último capítulo, presenta una propuesta de Reformas Constitucionales, desde la perspectiva de la etnicidad, que conducen hacia un Estado nacional más incluyente, cuyo texto haga explícita la diversidad cultural y la pluralidad racial de Panamá. Donde se enfatiza la igualdad ciudadana dentro del marco de la diversidad étnica y se incluye un régimen de sanciones para la violación de estas Leyes. También defiende el concepto de una educación integral, que incluye las historias vividas por todos los grupos étnicos y raciales de Panamá, equitativamente, con intención de promover su reconocimiento y su inclusión.
5.- Reflexiones finales; ¿es la etnicidad extemporánea en un mundo global?
La etnicidad puede definirse como la decisión de una comunidad por diferenciarse de otra u otras, en razón de origen, raza social, historia y cultura. La etnicidad, además, implica prácticas endogámicas y la subordinación política respecto a la cultura hegemónica y las leyes del Estado nacional.
La etnicidad como decisión diferenciadora es opuesta a la asimilación, siendo ambas estrategias de supervivencia, autonomía y negociación con un Estado hegemónico.
Desde esta perspectiva, la etnicidad puede surgir como resultado de tres procesos a saber: (1) como un subproducto de la discriminación, donde el grupo hegemónico construye una identidad negativa sobre el grupo discriminado: (2) como una construcción de la identidad colectiva de los propios grupos que se deciden voluntariamente por mantener su identidad diferenciada históricamente, cultural y racialmente; o (3 )como una síntesis de ambas dinámicas.
Por tanto, en la medida en que los Estados nacionales mantienen vigencia como actores e interlocutores de los bloques regionales en la globalización del mercado, la etnicidad continúa vigente como componente significativo y estructural de los Estados nacionales.
De otro lado, desde la perspectiva global, la etnicidad ha adquirido alianzas estratégicas transnacionales que la fortalecen en los contextos: nacional,  internacional y global. Así, casos como el de los indígenas de América y como el caso de los afrodescendientes de América, los indostanes, los hebreos y los chinos en el mundo, entre otros, establecen alianzas especialmente políticas ( a veces, también matrimoniales) y de cooperación que  fortalecen la etnicidad, simultáneamente a su fortalecimiento como comunidades transnacionales, en un contexto global.
Contrariamente al sectarismo inherente a los grupos étnicos más conservadores, la etnicidad en Panamá en los casos de las naciones indígenas y de los afrodescendientes ha expresado recientemente su vocación genuinamente democrática y comunitaria que al defender  los derechos ciudadanos del propio grupo, los trasciende inspirando, transformando y liderando movimientos cívicos que ocupan el espacio más amplio de la sociedad panameña criolla y mestiza. En el caso de la etnia negra, que nos ocupa en la noche de hoy, el discurso político de este grupo, bajo el liderazgo afro antillano, ha evolucionado del discurso victimista y reactivo hacia un discurso proactivo de liderazgo: de una identidad social marginal y suspicaz en relación al Estado panameño a una identidad social de actor activo con derechos. Del estudio que realiza Alberto Barrow se infiere una perceptible evolución narrativa del grupo afro descendiente de Panamá, que construye primero una narrativa étnica afroantillana que, luego, amplía su espectro ontológico a un ámbito regional (con fuertes lazos ideológicos con los afroamericanos estadounidenses) que se extiende, paulatinamente, para incluir a los hispano afro panameños (superando diferencias que los dividieron por muchos años, lo que permite su asociación con otras poblaciones afro latinoamericanas).
Por último, la propuesta de la comunidad étnica afro panameña para reformar la Constitución Nacional demuestra que esta comunidad, finalmente, ha asumido su nacionalidad de panameños generando, ella misma, por primera vez, una narrativa de Estado. No cabe duda de que este grupo de panameños ha optado por el discurso de las libertades ciudadanas y la inclusión con equidad, la diversidad y el pluralismo cultural, a través de su participación pacífica, demostrando extraordinario civismo, en los procesos democratizadores de nuestro país, con lo cual ofrecen uno de los más valiosos aportes a la sociedad y al Estado de Panamá del siglo XXI.
                                    Ana Elena Porras


Muchas gracias




[1] Texto extraído de mi libro CULTURA DE LA INTEROCEANIDAD: NARRATIVAS DE IDENTIDAD NACIONAL DE PANAMÁ,  1ª edición, Editorial Carlos Manuel Gasteazoro, EUPAN, Panamá, 2005, págs. 194-197

[2] Como anécdota significativa, puedo informarles que la chica asignada a realizar el censo en mi casa, en Bella Vista, nunca nos preguntó a mi esposo ni a mí, si teníamos origen afro descendiente o algún pariente afro descendiente. Y, al preguntarle por su omisión, ella respondió con risitas nerviosas “que era evidente que éramos blancos y que no había querido ofendernos” (¿!).

lunes, 9 de julio de 2012

Lolita Bosch promueve proyecto "No se mata la verdad matando periodistas"

Amigos, amigas, dennos un minuto. Por favor lean esto:

Queremos pedirles su ayuda para hacer el libro NO SE MATA LA VERDAD MATANDO PERIODISTAS. Una recopilación de las hojas de vida de los periodistas y los trabajadores de prensa asesinados o desaparecidos desde que comenzó la “democracia” en México. En total: 126. Hemos hecho el listado definitivo, que no estaba completado, y hemos pedido a sus colegas periodistas que “adopten” uno y escriban su hoja de vida de cada uno de ellos. El resultado es impresionante. Un panorama solidario, tristísimo y riguroso. Y un testimonio único de la violencia en México, escrito por periodistas de distintos lugares del país, de muchos medios distintos y también del extranjero.
Y ahora, con todo este esfuerzo, queremos hacer un libro de 300 páginas que distribuiremos de manera gratuita en la próxima Feria del Libro de Guadalajara.
Pero para hacerlo, necesitamos su ayuda para reunir el dinero necesario para hacer este proyecto realidad.
Es por eso que les pedimos, encarecidamente, que nos ayuden a difundir este proyecto, especialmente entre miembros de la prensa y amigos de México. Y les pedimos, de verdad les pedimos, que entren aquí, se den de alta, le echen un ojo al proyecto que hemos preparado, vean el extraordinario documental de Artículo XIX sobre los riesgos que hoy enfrenta la prensa y colaboren con nosotros comprando un libro (que es la única manera de conseguirlo si no van a la FIL y que es además un acto de solidaridad.)
No tardarán mucho. Y esperamos que les interese lo que les hemos preparado.
Recuerden que todas las donaciones tienen recompensa. Y que queremos que éste sea un proyecto que hagamos juntos. Por dignidad y por justicia.
México necesita con urgencia a sus amigos. La situación que estamos atravesando es francamente complicada y queremos hacernos eco. Ayúdennos.

El libro sólo se podrá comprar aquí:  http://www.goteo.org/project/no-se-mata-la-verdad-matando-periodistas 
Es fácil entrar, darse de alta y comprar. 

Gracias.
El equipo de NAR.
 
 
NO SE MATA LA VERDAD MATANDO PERIODISTAS
México vive hoy una situación de violencia apabullante que afecta, especialmente, al colectivo de los periodistas. Poniendo en riesgo su derecho a informar y nuestro derecho a saber. Los ataques contra la prensa mexicana y sus instalaciones son hoy tristemente conocidos alrededor del mundo.
En Nuestra Aparente Rendición estamos especialmente preocupados por esta situación, que nos afecta de manera directa y dificulta nuestro trabajo de construcción de paz y de diálogo. Así que unos meses atrás comenzamos a trabajar en un proyecto de investigación y recuperación de la memoria que se ha convertido en un proyecto maravilloso. Una recopilación de las vidas de nuestros periodistas y trabajadores de medios asesinados o desaparecidos que no se había hecho antes y que nos parece imprescindible para seguir, para no dejarnos vencer... Porque resulta urgente saber qué ha sucedido, a quién, a raíz de qué, dónde. No sólo para rendir un justo homenaje, si no también para aprender a prever qué puede ocurrir. Para poder difundir nacional e internacionalmente nuestros derechos y nuestros temores.
Con la ayuda de casi 200 voluntarios, y tras una labor intensa y meticulosa de investigación y comprobación de datos, hemos cerrado la lista de periodistas y trabajadores de  medios de comunicación asesinados o desaparecidos en México en los últimos 12 años (del 2 de julio de 2000 a 2 de julio de 2012: las dos primeras legislaturas en democracia.) Hemos utilizado el trabajo que habían hecho previamente otros colectivos, como Reporteros sin fronteras y Artículo XIX, pero además hemos hablado con amigos y familiares de los periodistas; hemos reunido fotografías de álbums de familia; hemos leído –en la medida de lo posible- qué publicaban, qué investigaban, quién los había amenazado... cómo han querido borrar sus rastros. Y lo hemos hecho desde México pero también desde el extranjero. En una muestra de solidaridad que agradecemos infinitamente.
El resultado, son las vidas (o lo que hemos podido rescatar de ellas) de los 126 hombres y mujeres asesinados o desaparecidos. Y juntas conforman un panorama brutal. Un proyecto comunitario, necesario y riguroso que nos entristece pero que nos permite reunir las voces de los que quieren justicia y seguridad para nuestra prensa amenazada.
Queremos que se sepa lo que está ocurriendo.
Y no queremos dejarlos solos. Quedarnos solos.
 
El resultado de este trabajo común es NO SE MATA LA VERDAD MATANDO PERIODISTAS. Y lo colgaremos en otoño en Nuestra Aparente Rendición ,en español y en inglés (estamos tratando, además, de encontrar ayuda para traducirlo también a otros idiomas), y lo difundirán además medios de comunicación de distintos lugares del mundo, preocupados por la situación de la prensa en México.
Pero creemos que se debe, además, conservar la memoria y el registro. Es un homenaje que queremos rendir. Porque estamos tristes y estamos asustados, pero estamos aquí. Hartos de ver cómo las víctimas de México se olvidan con rapidez, cómo se borran sus memorias, cómo la mayoría de sus casos no están resueltos ni judicial ni socialmente, cómo las familias tienen miedo de denunciar qué están viviendo, qué amenazas recibe, qué saben y qué no pueden decir... por seguridad, decimos. Siempre, todo: por seguridad.
Así que hemos hablado con amigos de la FIL de periodismo, que se celebrará paralelamente a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara el próximo mes de noviembre, para que nos ayuden a distribuir de forma gratuita el libro en la feria el libro. A familiares, lectores interesados, otros periodista y, sobre todo, a los nuevos estudiantes de periodismo que se enfrentan a esta búsqueda común de la seguridad y la justicia.
Es por todo esto que necesitamos su ayuda.
Gracias a Goteo.org hemos podido abrir una campaña de crowfunding para editar, diagramar, imprimir, enviar y distribuir de forma gratuita el libro. Un libro de más de 300 páginas y más de 120 autores.
No les pedimos que aporten sin más, sino que les pedimos que nos ayuden a hacer posible este proyecto comprando el libro en los próximos 40 días para ayudarnos a reunir el dinero necesario para hacerlo.
Pueden ver toda la información y recompensas del proyecto, así como el extraordinario documental que Artículo XIX hizo sobre la inseguridad que padece la prensa mexicana, aquí: http://www.goteo.org/project/no-se-mata-la-verdad-matando-periodistas. Es fácil darse de alta y es fácil colaborar.
Sabemos que dar dinero no es fácil. Casi nunca sobra. Pero pensamos que entre todos y todas conseguiremos hacer posible este proyecto que, como colectivo, nos dignifica.
            En Nuesta Aparente rendición ya habíamos hecho un libro antes. Lo publicó Grijalbo en México el pasado año. Y con el dinero recibido abrimos un programa de becas educativas para los huérfanos y los huérfanas de Ciudad Juárez. Pero éste queremos que sea un libro sin coste, hecho entre todos, en recuerdo de los que ya no están y que, como nosotros, en su mayoría, trabajaron por un México mejor.
            No nos dejen solos. No podrmeos hacerlos sin ustedes.
            !Tenemos 40 días! Ayúdennos.
 
            Gracias.
El equipo de Nuestra aparente rendición.

 
 
  





domingo, 8 de julio de 2012

Sobre el premio Las Américas 2012

Julián Herbert: Es finalista del premio Las Américas

[Cultura]
Tags: premio, julián herbert, escritor, cultura, arte

Saltillo.- El escritor Julián Herbert está entre los siete seleccionados para el Premio Las Américas, un reconocimiento para los escritores latinoamericanos. El galardón es convocado en el Festival de La Palabra de Puerto Rico. La dotación es de 25 mil dólares para el ganador. El año pasado, en la primera edición del premio, fue el escritor chileno Arturo Fontaine quien obtuvo esta distinción literaria con su novela "La Vida Doble".

Este año el presidente del jurado calificar es Jorge Volpi. Los otros jurados son los escritores: Fernando Iwasaki (Perú, España), Jeanette Becerra (Puerto Rico), Alejandra Costamagna (Chile), Arturo Fontaine (ganador anterior, Chile), Guillermo Martínez (Argentina), José Ovejero (España), Claudia Amengual (Uruguay) y Carlos Wynter Melo (Panamá).

Las obras seleccionadas en esta ocasión son “El Ruido de las Cosas al Caer” del colombiano Juan Gabriel Vásquez, “Formas de Volver a Casa” del chileno Alejandro Zambra,“Un Sueño Fugaz” del peruano Iván Thays, “El País Imaginado” del argentino Eduardo Berti, “El Espíritu de mis Padres sigue Subiendo en la Lluvia” del argentino Patricio Pron, “Las Ciudades de Lucía” de la boliviana radicada en Puerto Rico Beatriz Navia y “Canción de Tumba” del mexicano Julián Herbert.

Esta última novela ganó el año pasado el Premio Jaén de Novela y trata sobre Guadalupe Chávez, la madre del reconocido escritor. En su libro el autor narra algunos sucesos autobiográficos y retrata al México que le tocó vivir. El Premio Las Américas se entregará en el marco del Festival de la Palabra, que se realizará en octubre de este año.



(Copia fiel del artículo aparecido en http://www.zocalo.com.mx/seccion/articulo/julian-herbert-es-finalista-del-premio-las-americas).

lunes, 2 de julio de 2012

Caminatas de ultratumba




Por Ariel Moreno  (este cuento aparecerá dentro de poco en la antología de Talleres en Panamá y del Diplomado Internacional de Creación Literaria versión 2011. El primer programa fue llevado a cabo por la Fundación para la Gestión del Arte y AFP Cooperación Cultural, y contó con el apoyo de la Embajada de España en Panamá y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.  El segundo programa fue llevado a cabo en el marco de  la Universidad Latina de Panamá).

Íbamos caminando la muerte, tú y yo. Intentaba ignorarla, su compañía nunca fue de mi agrado. Tú y yo solíamos bromear sobre su parca presencia. Pero ella siempre fue demasiado altiva, demasiado segura, conocedora de antemano de que nuestras bromas eran un intento desesperado por no recordar que a pesar de llevar tantos años caminando a nuestro lado era la única que podía separarnos.

Su charla era amena, sabia, consiente -como deberíamos de serlo todos-  que este mundo es apenas un suspiro, un paso breve y efímero y que
 -No vale la pena aferrarse a demasiadas "cosas" pues pasan y solo queda la esencia- solía decirnos. Solía también apantallarnos (sobre todo a ti) con sus grandes relatos, enmarañadas historias e increíbles descripciones. Conocía a todo gran personaje que paso por este mundo y solía echárnoslo en cara cada cierto tiempo.

-Ale no era homosexual, solo un poco amanerado, pero hay que ver como volaban los chismes en Grecia-  contestó cuando le preguntaste por  Alejandro Magno. Obviamente lo  de "Ale" no era más que para darse aire.
A ratos la muerte desparecía por completo y solo éramos tú y yo.  Valoraba esos momentos con toda mi alma aunque debo reconocer que mi personalidad se  quedaba corta ante la muerte pues como dice aquel refrán, "más sabe el diablo por viejo...". Habría que pedir dedos prestados a todas las personas para contabilizar los años que llevaba la muerte rondando por este mundo (y el otro). Mis anécdotas e historias mucho más vánales (siendo sincero) solían aburrirte.

 Me esforzaba por impresionarte. De vez en cuando pensaba tener pequeños avances pero cuando la muerte llegaba con su aire tétrico y su apenas perceptible olor a podredumbre; traía consigo también las más geniales historias que te hacían reír o pensar, inclusive algunas veces las dos cosas al mismo tiempo y yo quedaba relegado a un segundo plano efímero y mortal.

 Le temíamos (yo más que tú) pero también le admiráramos (tú más que yo) y algunas veces hasta le envidiamos (yo). Mis aires de escritor frustrado, deseaban  con vehemencia el saco de historias que cargaba la muerte. Sobre todo aquellas que introducía con la frasecilla: "Esta bien, os lo contare pero no se lo digáis a nadie" era entonces cuando se explayaba en las más increíbles narraciones, que de haber tenido esa autorización de ultratumba, estoy seguro bien habría podido escribir mi primera novela.

Pero sobre todo envidiaba la manera en que la mirabas, tan absorta, tan asombrada. Hubiera dado cualquier cosa porque  alguna de mis historias te hiciera quedar así. Hubiera matado porque tus ojos me miraran de la misma manera en que le mirabas a ella. Pero matar hubiera sido darle un poco más de ventaja.

Íbamos caminando la muerte tú y yo cuando te hizo el ofrecimiento. Fue claro y sencillo.
-En la vida hay tres momentos para decidir si vienes conmigo o si te quedas- dijo con su gélido aire y con la tranquilidad de quien habla sobre llover.
 -Por lo general las tres oportunidades pasan sin que nadie lo note y de pronto ¡chaz! otro funeral más, pero contigo será diferente, esta es tú primera oportunidad, será rápida e indolora y solo me acompañaras al otro lado, sin más estarás con todos aquellos de los que te he contado y podrás comprobar por ti misma todos mis relatos-
Yo la mire horrorizado. ¿Cómo se le ocurría pensar que tú te separarías de mi así nada más? Me miraste con aire indeciso casi disculpándote  y en aquel instante supe tu decisión.

-¿Yo también puedo ir?- pregunté desesperado aun temiendo una respuesta negativa.
-Aun no es tu hora y lo sabes bien- fue toda su respuesta.

Intenté argumentar algo pero pensé lo estúpido que sería discutir con ella. Tú balbuceaste algunas palabras sobre seguir con mi vida y volver a amar otra vez. Apenas te escuché y ahora me arrepiento, cuanto me gustaría atesorar ahora aquellas palabras.

 La muerte no mintió, te tomo de la mano y sin nada de dolor para ti, te desapareció de mi vida. Pasaron algunos meses y la siguiente vez que llego la muerte le pregunté por ti. Me dijo que parte de su política era no hablar de seres queridos, que si no me interesaba saber algo más sobre Atila o sobre Cesar Augusto sería un placer contarme un par de secretos. Inclusive me ofreció dejarme escribir algo de aquello pero si tú no leías mis historias ¿Para qué iba yo querer escribir?

 Le pregunté cuanto tiempo me faltaba para ir contigo. Su política también le impedía decirme eso. Pregunté entonces si me permitía escribirte algo. Empezó a decir algo sobre su política, pero luego apiadándose de mi dijo que haría una excepción extraordinaria de la que nadie debía de enterarse. Me entregó entonces un bolígrafo y el papel que debes tener ahora en tus manos. (¿Tienen manos en aquel lado?)

Solo quería recordar los buenos ratos, y contarte que la vida (y la muerte) no es lo mismo sin ti. Que las historias no saben igual y los miedos ahora son más grandes y reales, contarte que de alguna forma la muerte ya no me impresiona. Solo quería contarte que aun recuerdo aquellos días cuando caminábamos la muerte, tú y yo.


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Ella + Él= ¡Kabúm!


Por Raúl Altamar (este cuento aparecerá dentro de poco en la antología de Talleres en Panamá y del Diplomado Internacional de Creación Literaria versión 2011. El primer programa fue llevado a cabo por la Fundación para la Gestión del Arte y AFP Cooperación Cultural, y contó con el apoyo de la Embajada de España en Panamá y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.  El segundo programa fue llevado a cabo en el marco de  la Universidad Latina de Panamá).
            En ese intenso e inevitable momento, en la cúspide de la rabia, ella le soltó la cachetada más fuerte que había producido en su vida: mano abierta, dedos apretados, brazo firme, aterrizada con un estruendo que le dejó el oído reventado y el cachete derecho rojo.
            -Esto es lo último. El final. Se acabó. Eres el idiota más imbécil que he conocido y más estúpida soy yo por creer en ti, y a pesar de todo lo que bien sabes me decían mis amigas y mi familia, yo seguí ahí de babosa contigo. Llevo años aguantado tus mierdas, ¿y para qué? Dime, por favor, ¿para qué? No es una pregunta retórica, pendejo, ¡responde!
            Su expresión era nula. En blanco. El punto medio entre un discapacitado mental distraído y un monje iluminado zen. Él no tenía nada que decir, así que le dejó hablar.
            -No te puedo decir cuál fue la gota que derramó el vaso, ¡porque lo has derramado tantas veces! ¿Recuerdas hace un año cuando te encontré los mensajes de texto de esa compañerita de tu trabajo? Puta madre, ¡la man decía que sabías rico! ¿Y qué me contestaste? Tu disque “está molestando, era una broma de la oficina”. Sí, voy yo a creer. Pero te perdoné, idiota, ¿puedes creerlo? Y esa vez hace cinco años que te pedí que me ayudaras a vender la finca esa que me dejaron mis papás… ¿tu crees que yo no se cuánto valía y cuánto le sacaste sin decirme? Yo quería alguien que me ayudara con la venta y los compradores, pero ignorante con el dinero no soy; en el momento pensé “pues le doy alguito de comisión, total, sigue sin trabajo”. Qué pendeja fui, y nunca pensé que fueras transa, y menos conmigo, pero eso demuestra lo mierda que eres, ¿no crees?
            Ni un músculo de su cara se contrajo. Él seguía en blanco, escuchando. Total, no habría vuelta atrás. No ahora…
            -Uy, y qué me dices de todas esas veces que te ibas a esos toques con tus amigos. ¿Crees que no se de todas esas rockeritas sudadas que se te meneaban y que les comprabas pintas? Hay fotos en fucking Facebook de ti y tus amigotes rodeados de ellas, ¿¡qué verga te pasa!? ¡Todo el mundo ve esa vaina! Tu descaro no tiene límites, querido, y yo ya estoy hasta aquí. Sabes qué me dolió buco, y esto no te lo he contado nunca, ¿recuerdas a esa chica que estuvo practicando un rato en mi oficina? Pues la chiquilla era ex de tu pana ese, Lalo, y la man un día se sinceró y me dijo que había parkeado contigo y que nunca, en ningún momento, le mencionaste a esa novia amada con la que llevabas saliendo la mayor parte de tu vida adulta. Nada. ¿Cómo crees que me sentí? Como una porquería, por si quieres saber, pero mejor aún, ¿cómo te sentiste tu? ¿Te daba igual? ¿Te daba cargo de conciencia negarme o ignorarme? Yo confiaba en ti, y aunque sabías que ese ambiente con esos amigos no me gustaba mucho yo sentía tranquila porque pensaba que esa bola de rejeros eran puro tilín tilín y nada de paleta.  Qué equivocada estaba.
            Ella hizo una pausa y comenzó a sollozar amargamente. Ya había estado llorando y su cara estaba roja e hinchada, pero ahora se distorsionó por completo llena de ira y dolor. Él estaba inmóvil, como la columna de una ruina.
            -“Ese man no vale la pena”. “El tipo es un quemón de primera, un patán”. “No tiene futuro, mira que de a vaina consiguió su título pero se la pasa trabajando en ahuevasones y call centers”. “Tu vales más que eso”. “Puedes conseguirte a alguien mejor, te mereces a alguien mejor”. ¿Tu crees que yo no escuchaba lo que me decían?  Pendeja yo por querer rescatar al Titanic. ¿Y sabes porqué me aguanté casi diez años de tu mierda, de tu inmadurez, tu irrespeto y tu total falta de compromiso? Era por mi, no por ti. Jeje, qué mariconada, ¡era por mi inseguridad! Pensándome rara, o sintiéndome triste, me decía que tu eras lo mejor que podía tener y no debía soltarte para nada. Todas las mujeres se aguantan algo, y definitivamente todos los hombres se la cagan de vez en cuando. Pero sabes qué, ya me cansé de sentirme así. Ya me cansé de que se aprovechen de mi, de que yo misma no me de a respetar y de que idiotas como tu se confíen de esta ahueva’a.
            Aquí sus cejas se arquearon un poco. Ligeramente sorprendido.
            -Y ni siquiera eras el mejor polvo del mundo, te comento. Y eso es algo que hasta tu ex de la adolescencia me dijo una vez cuando nos la encontramos en fuego en esa boda en la playa. Sí, dabas ricas mamadas que yo amablemente correspondía, pero el resto del tiempo me la pasaba fantaseando con Alex Rodríguez de los Yankees o con Riky Martin antes de que saliera del clóset. Apuesto a que pensabas que yo estaba agradeciendo a los dioses por este semental que tenía encima. Te equivocas, papito. Y ni hablar de todas las mierdas que le aguanté a tu jodida familia de verga. ¡Se merecen los unos a los otros por locos!
            Esto sí le dolió, y su labio inferior tembló levemente.  
            -Así que aquí termina la vaina, amorcito. Dicen que en el 2012 se acaba el mundo, así que cuando el desmadre se desate yo quiero estar contenta, tranquila y acompañada, de ser posible, por un tipo hecho y derecho, no con un morón como tu. Voy a dejar toda tu ropa y vainas que tienes en mi casa en un cartucho negro de basura frente a la puerta de tu casa, para que tu mamita la recoja y te lo dé. Y de los regalos que me diste, salvo el anillo de mil palos que me regalaste en nuestro séptimo aniversario y que voy a empeñar para pasar un día en mejor spa de la ciudad, todo lo demás va para Cerro Patacón. Te aviso que serás borrado y bloqueado de mis correos y de mi celular. Ni intentes llamarme. Como sé que te puedes poner medio loquito cuando te mando al carajo, le diré a los seguridad de mi edificio que si te ven a ti o a tu carro rondando el área que llamen de una vez a la policía.  Ya no me importas, ya no te quiero y te deseo… te deseo… lo único que te deseo es lo que te mereces. Hasta nunca.
            Ella se dio la media vuelta y comenzó a caminar, desafiante, hacia su carro, que estaba estacionado a un par de metros de donde estaban parados discutiendo. Era temprano y no había nadie alrededor. Él sacó de su bolsillo el pequeño control remoto y se permitió una pequeña sonrisa, porque la astucia con la que planeó todo fue como de película. Cuando ella arrancó el motor él apretó el botón circular negro, y libra y media de explosivos plásticos pegados en el mofle detonaron todo. Lo que no pensó él, en su mentalidad confirmadamente ignorante, es que debía alejarse porque la onda expansiva lo alcanzaría si estaba cerca. Y sí estaba cerca.  
           
Dos cuerpos calcinados, o dos bolsas llenas de huesos ahumados, fue lo que recogieron los peritos del Ministerio Público una vez los bomberos apagaron el fuego ocasionado por la explosión en el estacionamiento de Multiplaza. El claro cielo azul de esa mañana de verano se manchó de un grueso humo negro.  
Por Raúl Altamar
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Abrir las manos




 Por Cheri Lewis (este cuento aparecerá dentro de poco en la antología de Talleres en Panamá y del Diplomado Internacional de Creación Literaria versión 2011. El primer programa fue llevado a cabo por la Fundación para la Gestión del Arte y AFP Cooperación Cultural, y contó con el apoyo de la Embajada de España en Panamá y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.  El segundo programa fue llevado a cabo en el marco de  la Universidad Latina de Panamá).

Los bebés empezaron a llegar en el verano. Recuerdo bien al primero. Yo estaba en el baño cepillándome los dientes cuando una sombra pasó por el pasillo reflejándose en el espejo. Me asomé a la puerta y lo vi. Iba desnudo y sucio. Atravesó gateando el medio de la sala y se fue directo hacia mi hermana, que en ese momento estaba en el sofá leyendo un libro. Se apoyó en sus rodillas y la abrazó. Ella lo levantó del piso con ternura y no volvieron a separarse el resto del día. Cuando llegó mi mamá, lo acogió de inmediato en el seno familiar. Le improvisaron una especie de cuna en el cuarto de mi hermana y esa noche durmió con ella.
A los pocos días llegaron los gemelos, un niño y una niña. Al igual que el primero, venían desnudos y sucios. Los encontramos una mañana durmiendo en el jardín. Nadie los vio entrar, supongo que lo hicieron en la noche o en la madrugada mientras dormíamos. También los ubicaron en el cuarto de mi hermana porque ella lo pidió. Dijo que la entretenían y que se encargaría de los tres.  La verdad es que para ser bebés casi no molestaban. Nunca los oí llorar, ni quejarse, ni reír. No agarraban los jarrones, no rompían cosas valiosas. Solo gateaban y gateaban, como buscando siempre algo. Cuando el cansancio los rendía se iban directo a los brazos de mi hermana. Ella tan buena, los atendía siempre sin quejarse.
Una semana después aparecieron cuatro más: tres varones y una niña. Era temprano en la mañana, estabamos todos en el desayunador cuando sentimos una brisa fría y vimos las cuatro siluetas en el marco de la puerta trasera. Estaban en contraluz, de modo que eran como cuatro sombras sin rostro, estudiándonos desde afuera. Estos bebés, eran mayores y entraron caminando. Se dispersaron a nuestro alrededor, abriendo los gabinetes y registrando en ellos. Mi madre tomó la canasta de pan con mantequilla que estaba en la mesa y se las ofreció junto con unas mandarinas. Los bebés la tomaron con sus manos sucias y a los pocos minutos ya habían devorado todo. Las uñas largas y llenas de tierra sugerían que habían estado vagando solos mucho tiempo. Esa noche movimos los muebles y los pusimos a todos a dormir en el piso de la sala. Mi madre, mi hermana y yo subimos las escaleras y conversamos en mi cuarto. Les mencioné que la situación se estaba saliendo de control, que ya no podíamos tener tantos bebés en nuestra casa. Mi hermana pensaba diferente. Decía que si habían llegado a nuestro hogar debíamos recibirlos, que cómo íbamos a rechazar a esas criaturas inocentes. Nuestra madre escuchaba nuestras razones y callaba. Se le veía preocupada. Había prendido un cigarrillo y se había puesto a fumar en la ventana, mirando hacia afuera. Vendrán más, mencionó, y eso no es bueno. Mi hermana y yo nos miramos. Había temor en nuestros ojos pero no dijimos nada. Esa noche nos quedamos arriba, en el cuarto de nuestra madre. Nos acostamos en su cama los tres, como solíamos hacerlo de pequeños, mi madre en el medio y mi hermana y yo a cada lado. No pude dormir bien. La madrugada se me hizo interminable. Me sentía con naúseas pero no quise levantarme de la cama porque sabía que igual no se me iban a quitar haciéndolo.
Aún tenía los ojos abiertos cuando el cielo cambió de color. Escuché ruidos abajo y me paré de un salto. Mi madre y mi hermana reaccionaron de la misma forma. Se notaba que ambas habían pasado la misma mala noche que yo. Los primeros rayos de sol empezaban a colarse por entre las cortinas cuando, con solo mirarnos, decidimos salir de la cama y bajar a la sala.
La casa se había quedado en silencio. Solo se escuchaban nuestros pasos crujiendo sobre la madera. Mi corazón latía muy fuerte. Podía escucharlo incluso por encima de mi respiración.
Cuando llegamos a la escalera los vimos. Estaban todos en la sala. Parados, mirando hacia arriba, esperando por nosotros. Los siete bebés que habíamos acostado en la noche estaban en un primer plano, cerca del librero. Detrás de ellos habían más, veinte, quizás treinta o cincuenta, no los pude contar. En la gran ventana de vidrio que pega al jardín habían otros más, observando desde afuera. La casa no estaba en desorden, pero por la forma en que habían quedado las gavetas, se veía claramente que las habían registrado. 
Bajamos la escalera lentamente, bajo la mirada implacable de las criaturas. Cuando llegamos al último escalón un bebé se nos acercó. Era el primero que había llegado a la casa. Lo reconocí por la mancha oscura que tenía cerca de su hombro izquierdo. Me extrañó que ya no gateara y que viniera caminando. Pasó por el medio de mi madre y yo y tomó la mano de mi hermana, separándola de nosotros y acercándola a su grupo. Los demás bebés la rodearon enseguida, agarrándola por la falda. La última bebé que había llegado ayer le sujetó la otra mano. Mi hermana nos miró muy asustada. Una lágrima salió de sus ojos y sin recorrer su mejilla cayó directo en la alfombra. Mi hermana lloraba así, era muy raro. Poco a poco los bebés se empezaron a marchar, llevándose a mi hermana con ellos. Traté de detenerlos, pero al dar el primer paso todos se pararon y voltearon sus cabezas mirándome fíjamente. Mi madre me haló hacia atrás por la camisa. Es inevitable, me dijo, no hay nada que podamos hacer. Quiero despedirme de ella, dije. ¡Déjenme despedirme de ella! les gritaba cada vez más fuerte pero se hicieron los desentendidos. Mi hermana se fue con ellos sin mirar hacia atrás. Sabía que lloraba por el movimiento tembloroso de sus hombros. Cuando hubieron salido todos de la casa, me solté de mi madre y corrí hacia afuera. El último recuerdo que me quedó de mi hermana fue su figura caminando a lo lejos, perdiéndose en la carretera rodeada de esas diminutas cabezas. No volvimos a recibir a nadie nunca más.

Por Cheri Lewis
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La Caja

Por Carolina Fonseca (este cuento aparecerá dentro de poco en la antología de Talleres en Panamá y del Diplomado Internacional de Creación Literaria versión 2011. El primer programa fue llevado a cabo por la Fundación para la Gestión del Arte y AFP Cooperación Cultural, y contó con el apoyo de la Embajada de España en Panamá y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.  El segundo programa fue llevado a cabo en el marco de  la Universidad Latina de Panamá).


El día de tu jubilación te ves parada en la acera sosteniendo una caja con todo lo que había ocupado tu escritorio; sola y sin saber qué hacer. Tu imagen reflejada en la vitrina  de enfrente: la imagen de una mujer vieja con una caja en los brazos y con esa expresión de desamparo. Miras a la derecha... a la izquierda... sabes que da lo mismo; tan solo una cuadra más hasta la entrada del metro. Viras a la izquierda -no porque lo hayas decidido- y sigues el flujo de gente que a esa hora sale a la calle rumbo a su casa. Caminas sintiendo el peso ridículo de cuatro bolígrafos, dos agendas, y unos cuantos adornos que te hacían sentir cómoda cuando llegabas a tu trabajo, y que ahora en esa caja, fuera del espacio que ocuparon, carecen de sentido. Pasas de largo el cruce a la estación por primera vez en todos esos años -sin decidirlo tampoco-, porque sabes que a diferencia de cualquier otro momento de tu vida, se te han roto los mapas y todos los esquemas que te conducían de tu pequeño apartamento de mujer-de-clase-media-solterona, a la oficina de recepción de Sucre & Asociados, y de allí, de vuelta, cada día, de lunes a viernes, de 8:30 am a 5 pm. Ahora nada te espera; tomar el vagón de las 5:20 de la tarde no tiene importancia, como no la tiene ese reloj que no recuerdas haberte quitado en años y que mirabas a menudo para llenar de propósito tus días con un sin fin de actividades y gestos sin trascendencia. Te dejas llevar por las curvas de la acera en un estado que te es desconocido como te son desconocidas las grietas que han hecho las raíces de los robles en el pavimento y la inclinación que va hacia el puente angosto y alto de la calle 6. Llegas al centro de ese puente y viras para apoyarte en la baranda de metal que hubieras querido sentir más firme, menos baja; tus brazos apoyados con esa carga inútil, y te asomas, atraída por un vacío que reconoces después de tantos años; atraída por los carros que pasan a gran velocidad, una velocidad que ahora te es ajena y que produce un ruido ensordecedor que hace temblar la baranda, tus brazos, la caja. Entonces la sueltas, y ves como va cayendo hasta estrellarse pequeña allá abajo; la pobre debajo de las ruedas de un carro... de otro... de otro, hasta que se aquieta; y por primera vez sonríes y dejas de mirarla, de pensar en ella, la pobre. Te yergues, y un poco más ligera, caminas; y el ruido ese que producen los carros, tan molesto, se va acallando mientras te alejas. 


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Los Tentáculos de la Secta por Julio Moreira


Por Julio Moreira (este cuento aparecerá dentro de poco en la antología de Talleres en Panamá y del Diplomado Internacional de Creación Literaria versión 2011. El primer programa fue llevado a cabo por la Fundación para la Gestión del Arte y AFP Cooperación Cultural, y contó con el apoyo de la Embajada de España en Panamá y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.  El segundo programa fue llevado a cabo en el marco de  la Universidad Latina de Panamá)..
Siendo sincero conmigo podría decir que lo vi venir.   Quizás me cegué a la idea de que el acto fuera perpetrado por ese particular ejecutor, pero conociendo a mis perseguidores creo que fue una ingenuidad de mi parte, peor aún, tengo los ojos para ver y los cierro, o me dejé seducir tanto que los cerré a doble mano extasiado en el aroma de jazmín que tiene U.   Fijé mi atención aquella noche en el suelo de madera, en el resto de mi pieza del viejo hostal, en esas amorfas figuras que parecían adquirir vida propia dentro del cuarto invadido por la niebla, cerca de la cima del Cerro... me perdí en ese aroma a jazmín que traía la bruma, el cual volvería a sentir en un corto tiempo, sin poder intuir la premonición que cargaba ese aire.   Sin embargo pude esconder los manuscritos, bajo una llave que había creado y esconderlos de mi perseguidor.
Yo me recluí en el cerro hace seis meses, desde que “suicidaron” a Fournier sentí temor (después de que publicó “La clave de los símbolos” y “El secreto de las cavernas” se había vuelto un perseguido, las obras son claves en el estudio del Principio; un asesino sin rostro simuló un robo y de paso le puso un tiro justo en medio de la frente, sin duda obra de la secta[1]) y después de que murió Medrano (petrificado por sus miedos hechos golems en aquella casa de playa, un caso extrañísimo) supe que no había más remedio para ganar algo de tiempo que internarme aquí en el cerro y buscar una manera de librarme del destino infausto que se advenía.   Decidí convertirme en un eremita casi por completo y estudiar los textos.   No tenía muchos lazos con el mundo exterior.   Por seguridad me deslindé de mis hermanas, únicos parientes cercanos; y salvo por unas cuantas noches con U cuando venía irregularmente a dejarme víveres, tabaco y papel, corté todo lazo con el mundo exterior.   Me mantenía en mi afán de terminar de explicarme el Principio, descifrando textos tan variados entre sí como letras de canciones, ensayos de física cuántica, tratados esotéricos, notas de diarios, pentagramas musicales, literatura, poemas, y por supuesto los manuscritos de Medrano.
U es mi asistente, un pequeño puesto de Sub-director del Departamento de Difusión Cultural en la Universidad; me daba esos pequeños lujos.   La ayuda de U se extendía más allá de sus funciones, cosa que siempre me pareció en suma curiosa y me llevaba a desconfiar de ella, aunque descarté cualquier sospecha (en un comienzo) al conocer su voracidad por las letras; era lógico que quisiera inmiscuirse con algún escritor, la tomé a la ligera, no la sentí como amenaza (o sea un agente encubierto de la secta[2]), yo casi no había publicado; si acaso un libro de cuento, un par de poemarios además de unos cuantos ensayos y ficciones cortas esparcidas por ahí.   Tenía una modesta acogida en ciertos círculos nacionales, en esos/estos tiempos la mayoría de las lecturas que atraen a la gente carecen de esa esencia proteínica que tiene el arte.   Pasó un tiempo antes de volverse mi amante, confieso que mi relación con U no podía ser mejor.   Era una mujer inteligente, de ojos negros grandes y labios carnosos que me ayudaba a revisar mis trabajos (los no secretos) y además era una leona en la cama.   Durante mi encierro pasamos el tiempo entre el escritorio, el colchón y el vino tinto.   Algo que era como una astilla en el ojo era su molesta constancia de querer revisar mis documentos sobre la secta (nunca le dije sobre qué trataban[3]).   No se los mostré por la misma razón que me alejé de mis hermanas, pero luego solo fue por desconfianza.    Cuando traté de explicárselo, lo mejor que pude sin hacer referencias directas al tema de los manuscritos y sin revelar mi suposición paranoica sobre ella y sus intenciones, me argumentó con una seguridad fatalista que yo no tenía por qué temer por su seguridad, “tengo algo especial que me cuida”, me susurró al oído, azuzando mi incertidumbre.   Luego me miró y sonrió sutilmente para entonces besarme el cuello y envolverme en su hechizo de carnes café con leche.   Después de la delicia de la esas pequeñas muertes volvió al tema, hasta que yo me ofusqué con su insistencia y entonces ella desistió, por el momento.   Durante un mes entero me fue tratando de sacar información de los manuscritos.   Empezaba como de costumbre, seduciéndome.   Semanas después, bajo los efectos de dos botellas de tinto y una hora en la cama, me hechizó con una mezcla de tabaco y hachís para que le dijera mi teoría sobre la petrificación de Medrano y la extraña marca de seis puntas en la frente del petrificado[4]; suceso que una vez por error le mencioné, y el cual solo podía hacerme contárselo en trance.   Mientras fumamos, recuerdo que empecé a narrarle los hechos que precedieron el desenlace fatal de mi amigo: el encierro en la casa de playa, los meses febriles de creación, mis visitas casi semanales, las visitas de N la misteriosa amante del poeta en esos años.   Mis visitas eran excusas para divagar sobre los avatares de la literatura, teorizar sobre la creación, la miseria del escritor por jugar a dios, castigo del que yo descreo; lo más importante: conocer aquellos métodos poderosos para hacer frente a los agentes de la secta, pero esto no se lo dije a U, noté que esas elipsis la ofuscaban, pero algo que buscaba en mí o de mí la obligaba a contener su ira.  
Los editores estaban extasiados con los escritos de Medrano; creaciones[5] tan vivas que desgarraban el papel que las sostenían, prácticamente respiraban, sangraban, reían, lloraban y gemían.   Me sorprendí de tanta fuerza, hasta que supe su método, conocimiento que era prácticamente la marca de los disidentes de la secta[6] (y a la vez sentencia).   Su último trabajo no había sido encontrado.   U me preguntó sobre qué trataba, guardé silencio y seguí con la historia.   Sospeché la pregunta sin fundamentos para dicha sospecha.   Dije que no sabía.   Le expliqué que de ese trabajo en particular hablamos más abstracto que sobre los otros.   Pareció creerme.  Le conté a U el sueño de Medrano; él se veía a sí mismo dentro de un espacio blanco, del cual surgían una a una letras y números en muchos idiomas…infinitos, me dijo Medrano en tono solemne y parco… se volvían una melaza oscura que iba condensando sobre si misma todas las variantes del Principio hasta que el espacio se volvía un prisma y le mostraba todo el espectro del color, de las formas, hasta que sólo quedaba el Nombre.   A medida que repetía el nombre las formas cobraban vida, el espacio se expandía y se convertía en un universo.   Vio una silueta adornada por una túnica roja que lo acechaba en el momento que Medrano sentía descubrir el Principio,- ¿qué es el Principio?- preguntó U, me hice el sordo y proseguí con el sueño.   Medrano veía a ese ente vestido de rojo manipulando sus creaciones con unos tentáculos que parecían salir del vientre, haciéndolas salirse de control, sometiéndolo a él también como una parte más de lo creado, justo cuando las formas daban la impresión de infringirle el horror mortal ordenado por ese vil ente Medrano despertaba y olvidaba el Nombre[7]; notó que el agudo olor a jazmín de N lo perturbaba y causaba una inexplicable nausea que sentía en el sueño por igual, cercenó todo contacto con esa amante y no supe más de ella.   Medrano fue apuntando una a una las 99 letras que configuraban aquella invocación hasta que pudo completar la grafía, la cual nunca me confesó.   Le mentí.   Le conté los detalles superfluos sobre las últimas visitas, en las cuales perdí la esperanza de que Medrano conociera el método para contrarrestar a la secta y a su veneno (propio de su deformación del Principio), ponzoña que hizo saltar de las páginas los peores miedos de Medrano (reconocí en los brazos de Medrano las mordidas de “los perros güegüenses”, tenía el pecho lacerado con las “uñas rojas”, y los ojos de “ahorcado”, 3 ficciones terroríficas de mi amigo).   U tomó un cigarrillo y preguntó si yo sabía el paradero del manuscrito de Medrano, le dije que no.   Me preguntó si tenía alguna idea, quizás lo envió a algún editor, o quizás lo destruyó dije lacónicamente para zanjar la conversación.
La última llamada que recibí de Medrano fue la confirmación de mis sospechas acerca del avance de su trabajo, 112 páginas de ensayo denunciando la deformación del Principio el cual era moldeado por la ilusión del ego, y según la teoría de Medrano, era la venda impuesta sistemáticamente mediante un lenguaje sonoro-audiovisual, el cual era posible erradicar con la atención de la conciencia[8].   Medrano era un peligro para los jerarcas de la secta, el ensayo era un manual de supervivencia para los vicios del deseo, descubierto en su experiencia, con una atinada interpretación simbolista, creado como una barca y para aquellos que encontraran lo sacro en esas líneas.   Le había costado seis meses de trabajo y encierro.   Días antes, casi histérico, me confesó que sus escritos previos habían sido sólo una tentativa, que había descifrado el Nombre completo, decía poder narrar lo inenarrable, revelar lo que no se puede nombrar, el sólo hecho de esa afirmación me asustó, la secta contaba con un servicio de inteligencia infalible enfocado a buscar y cazar cualquier autor y texto que revelara la esencia del Principio.   A la semana fue encontrado por su arrendador.   La casa hecha pedazos, lo más curioso para mí eran las paredes, de arriba abajo decoradas con un dripping de letras, frases, números, versos, encriptados en siete idiomas reconocibles, algunos muertos o casi, una locura absurda, la cual fotografíe, él estaba en el suelo, en medio de la sala, petrificado con una grieta de seis puntas en la frente.
Estuvieron detrás de Medrano, como lo estuvieron detrás de Fountier, como lo están de mí.   Recibí el paquete con el manuscrito y con una carta de Medrano, tomé una licencia, fui a que me cerraran el cuerpo y me retiré al cerro a estudiar el texto.   U no ha venido más, yo dejé de llamarla, han pasado dos semanas desde que le narré el sueño de mi amigo y divagué sobre su final.   Para ese momento no necesitaba su carne, comía poco, bebía poco, lo estudié a fondo y luego descubrí el secreto del Principio.   Escondí los textos sobre el Principio, la llave puedo decir fue mi creación, se necesitan dos componentes en dos planos distintos para abrir la cerradura.   Revisé la carta y encontré un separador de páginas que había pasado desapercibido, tenía una advertencia: “cuídate del olor a jazmín.   Es el aviso de la máscara de la muerte que martillará con su tentáculo la fatalidad en la frente de los enemigos de la secta.”   En el instante que alcé la mirada el viento rugió, una bruma roja entró por debajo de la puerta y nubló mi visión de la pieza, sólo sentí un puñal entrando en mi vientre, tenía un sabor a madera Tucum.   Después me desplomé y mi sangre brotó sin remedio, apenas pude alzar la vista para ver a  U vestida de rojo, sonriendo sutil y macabra, a la vez que movía sus húmedos tentáculos, uno tenía el puñal de madera que violentamente enfilaba al centro de mi frente mientras los otros buscaban frenéticos los manuscritos de Medrano que logré esconder de los tentáculos de secta dentro de un cuento diseñado sólo para cierto tipo de lector.
Texto reproducido de “La Enciclopedia Nova del Mundo Desconocido”; 3era edición Madrid, España, 1999; Volumen VII: Crónicas Apócrifas de Mesoamérica; Sección: Panamá; Autor: Anónimo y de paradero desconocido.


[1] "La secta de los escribas es tan arcana como su arte.   Nació con las enseñanzas de la Madre de los dioses.  Los conflictos entre sus facciones beligerantes que como mafias, buscan el dominio y la manipulación del Principio, nacen desde la génesis de la secta.   Algunos renegados tratan de buscar maneras para liberar el Principio de esa cadena, la resistencia es escasa pero continua.”
Del libro “La clave de los símbolos”, Jean Paul Fountier, Pág. 136 – 1890.
[2] “Algunas veces somos parte inconsciente, otras no somos parte de nada, otras somos agentes de su lado más vil; la secta desde hace 15,000 años ha tenido el control de los secretos y del Principio deformándolos en dogmas abominables.”
Del libro “El secreto de las cavernas”, Jean Paul Fountier, Pág. 31 – 1900.

[3] “La palabras y el secreto son el concepto, la llave del Principio que guardan celosos para su propia gloria; de ahí que los disidentes sean tildados de blasfemos que deben ser cazados por el hecho de r-e-v-e-l-a-r.” (Ídem)
[4] “La guerra sucia sectaria secreta se libra en varios escenarios, en numerosos frentes y en tantas dimensiones como la teoría permite, pues el Principio que conocen los más sublimes escribas traspasa la apariencia de la forma, del tiempo y del espacio.”
Del libro “El caleidoscopio y las puertas abiertas de fuego (tratados etéreos)”, Salomón Medrano, Pág. 43 – 1984.
[5] “El acceder al poder creativo en plenitud, inherentemente coloca al sujeto dentro del terreno de la secta, más no revela el Principio, pero encamina a su descubrimiento y al néctar de la etéreo.” (Ídem)
[6] “Conocemos a cabalidad la relación entre el fuego, la luz, la sombra, y lo eléctrico; comprendemos a plenitud la relación entre el observador y lo observado, la premisa: EL VERBO CREA, está tatuada en nuestra frente y es la seña incandescente que nos marca como blancos móviles ante los agentes de la secta, pero conocemos el Nombre que ellos ambicionan invocar.”
Del libro “Los vigilantes del fuego”, Salomón Medrano, Pág. 52 – 1969.
[7] “Cualquier intento de liberar la sabiduría de esa horrible condena oscura tiene consecuencias fatales.” (Ídem)
[8] Ese afán por ocultar las virtudes del Principio ha dado como resultado los actuales sistemas de control.   No se discute entre los renegados los engranajes sociales, religiosos, económicos, psicológicos, además de la influencia de las políticas de salud y nutrición, que desde la antigüedad han estado en función de mantener en el poder a la vil facción.   Solo la Mente libera a la Mente, todo procede de ella, incluso la esclavitud.   La Mente es la llave.”
Del libro “Los ahorcados”, Salomón Medrano, Pág. 81 – 1990.


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