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miércoles, 25 de julio de 2012

LA VARIABLE ÉTNICA EN EL MARCO LEGAL DE PANAMÁ, de Alberto Barrow


Presentación del libro VARIABLE ETNICA EN EL MARCO LEGAL DE PANAMÁ por la Dra. Ana Elena Porras. 19 de julio. Biblioteca Nacional. En la foto aparecen en el orden usual CArlos Wynter (escritor y director de FUGA editorial), la Dra. Ana Elena Porras, Alberto Barrow y Alvaro Valderas (escritor y editor de FUGA editorial).

1.- Cómo conocí a Alberto Barrow
Tuve el privilegio de conocer a Alberto Barrow con motivo de la campaña para el Censo Nacional de 2010, que incluía la pregunta de identidad afro descendiente, después de muchas décadas de haber sido eliminada.
Era uno de los líderes naturales del grupo afro descendiente que impulsaba esta iniciativa. Inmediatamente me llamó la atención su personalidad afable, su mente abierta y despierta, su corazón dulce y su fortaleza de carácter, que no claudica ante la adversidad, pero que tampoco alimenta el odio como instrumento para la reivindicación de los derechos de los panameños afro descendientes.
Mientras he tenido el privilegio de participar en los estudios del Observatorio que Alberto dirige sobre el tema de la discriminación contra los panameños afrodescendientes, por invitación suya, pude informarme de que muchos panameños niegan que exista dicha discriminación. Incluso, califican cualquier señalamiento de racismo como una expresión de “complejo” por parte del ofendido. Y descubrí también el sentido del humor de Alberto cuando dice que él, como observador del racismo panameño es, por tanto, necesariamente, un “acomplejado” (lo que me hizo recordar que, de forma semejante, las feministas somos clasificadas por los machistas como “histéricas” o “conflictivas” y que, si deseamos defender el principio de la igualdad, sea étnica o de género, no debemos asustarnos ni dejarnos intimidar con estos calificativos que intentan descalificar a los activistas en pro de los derechos de la humanidad).
2.- Microhistoria de Gloria y la opción por la asimilación en la identidad nacional[1]
Durante mi investigación etnográfica sobre narrativas de identidad nacional de Panamá, conocí a Gloria Clarke, una aseadora del Ministerio de Relaciones Exteriores, quien, al momento de esta entrevista en 1991, era una mujer mayor afropanameña, de aproximadamente 60 años, quien me contó la siguiente historia de su vida:
“Yo nací en la capital, en el Hospital Santo Tomás y fui a la escuela aquí mismo. Estudié 6 años en la Escuela República de El Salvador, Mi mamá era panameña y mi papá vino a Panamá con tres meses de edad desde Martinica. Para mí, él era panameño porque vivió aquí toda su vida hasta que murió. Mi papá conducía buses; él tenía sus propios buses, pero nunca vivió con nosotros. Yo conocí a mis abuelos, los papás de mi papá. Trabajaban para el Canal. Mis abuelos, por parte de mi mamá, vinieron de Barbados y también trabajaron en el Canal. Vivíamos en la Zona del Canal.
Cuando yo estaba chiquita, no me querían reconocer como panameña porque era la época del Presidente Arnulfo Arias y él no aceptaba la nacionalidad panameña para los chombos. Y entonces tampoco me aceptaban en las escuelas de Panamá. Fue gracias a una comadre de mi mamá, quien salió en mi defensa como mi tutora o acudiente, que conseguí ser aceptada en la escuela. Yo tenía entonces como 8 años. Gracias a ella pude demostrar en la escuela que yo era panameña, porque había nacido en Panamá. Me acuerdo que no nos dejaban hablar en inglés en la escuela. La maestra me decía que fuera de la escuela podía hablar lo que yo quisiera pero que, dentro de la escuela, tenía que hablar castellano. Los panameños, al verme, me ven como ´chomba´ porque soy muy negra. Pero mi nacionalidad es panameña. Mi mamá era modista. Vivíamos en la Zona del Canal, éramos zonians y eso fue lo que me jodió porque no podía ir a la escuela de Panamá por vivir en la Zona, pero tampoco podía ir a la escuela de la Zona porque era nieta y no hija de trabajadores del Canal, y no nos cubrían a los nietos en la Zona…
Yo soy una panameña negra y pobre. La gente pobre no está educada y quieren que los panameños que no son pobres y que están más educados peleen por los pobres.
Pero cobardes no somos, porque todos aquí somos echa’ospa´lante: cuando vinieron los americanos (en diciembre de l989), no salimos corriendo y por eso murieron tantos de mis vecinos del Chorrillo. Además fue una guerra de piedras contra balas. Uno lucha por lo suyo, pero somos también bastante pacíficos. Se pelea aquí, porque no somos cobardes, pero tampoco somos violentos. Peleamos por nuestros derechos, hacemos desorden, si se quiere, pero no andamos matando por ahí, como en otros países.
            Tampoco me creo eso de que los panameños somos ´vende patria’ porque, si así fuera, Panamá ya no sería nuestra, ya la hubiéramos vendido hace tiempo. Y la prueba de que no la hemos vendido es que los americanos todavía nos quieren comprar, para después del año 2,000 (ja,ja,jaa).
            Aparte de esto, yo creo que nos vestimos muy bien los  panameños y que esto es algo muy nuestro; ¿sabe? (…) Mire usted los vestidos del diario, por ejemplo, y se dará cuenta de que los panameños nos vestimos muy adecuadamente: un vestido para el trabajo, otro para la calle, otro para las fiestas. Somos muy limpios y bien planchaditos y, sobre todo, muy bien vestidos. Usted no me ha visto bien vestida, doctora, porque siempre me ve limpiando el Ministerio…. Pero yo me visto biiiiiiiiiiiiieeeeeeenboooniiiiiitooooooooooo!!!!
            Y, por favor, ponga al final de su libro que yo le dije: ¡QUE VIVA PANAMÁ!!!”
La nacionalización  y asimilación de Gloria Clarke a la identidad nacional panameña, tal y como se infiere de su historia de vida, fue el resultado de una solución desesperada ante su delicada situación de “ilegalidad” original y las consecuencias de exclusión de los derechos ciudadanos y acceso a los servicios públicos, tanto en la sociedad panameña como la de la Zona del Canal, debido a su condición de étnica, es decir, de su condición racial y sociocultural.
También, esta narrativa deja entrever que la identidad panameña era su segunda opción, después de la imposibilidad de obtener la nacionalidad norteamericana como zonians.
Resulta interesante, además, comparar los modelos culturales contrastantes con respecto al modelo familiar entre la cultura panameña y la cultura norteamericana de la Zona del Canal. En la Zona del Canal, Gloria era excluida de la ciudadanía norteamericana y, por tanto, de los beneficios para  las familias de empleados del Canal, por exceder el modelo de familia nuclear que impera en los EEUU, puesto que Gloria era nieta y no hija de empleados del Canal. En Panamá, por el contrario, a pesar de que corrían los tiempos de la Constitución xenofóbica y racista de 1941, la cultura criolla y su modelo predominante  de la familia extensa, combinada con la institución católica del compadrazgo, que incluye, más allá de la familia extensa, a la familia ritual y simbólica, esto es a los ahijados por el bautismo. Este modelo de familia extensa y ritual de la cultura panameña (latina-católica) salvó a Gloria del limbo jurídico, durante su niñez, ofreciéndole la oportunidad de ir a la escuela y de obtener una identidad nacional, la panameña, en tiempos en que el racismo de Arnulfo Arias, inspirado en el nacionalismo socialista alemán, amenazaba con excluirla.
El sentido del humor y la ironía de Gloria llegan a su más alto nivel en esta narrativa, cuando responde a la acusación extranjera de que los panameños son “vende patria”. Su respuesta elabora una ingeniosa deconstrucción de la negación de Panamá.  Ella revierte las acusaciones hacia los norteamericanos a quienes reconoce como invasores de la patria en 1989 y los redefine, irónicamente, en términos de eternos e incorregibles compradores, reales o imaginarios, de Panamá.
Gloria intenta esbozar una imagen del panameño en términos de auto imagen y carácter nacional, asociadas también con el sentido estético de los panameños en su forma de vestir.  Según sus explicaciones detallistas y femeninas, los panameños expresan su sentido de dignidad y orgullo personal a través de su preocupación por “vestirse bien”, esto es, con ropa limpia y planchada, apropiada para cada ocasión: formal, de trabajo, de calle, de fiesta, de folclor, etc. Ella opina que los panameños, especialmente los panameños pobres y negros, invierten tiempo, imaginación y dinero en su apariencia personal por razones estéticas y de dignidad humana.
En su vivencia de la identidad panameña, Gloria distingue y construye otras categorías constitutivas de su identidad, como son las categorías de raza (“negra” y “chomba”), de clase (“pobre”) y de territorio (“la capital” y “la zona”). Gloria imagina la etnicidad, la clase y la raza como categorías de diferenciación, que adquieren significado, se suman y se integran en la identidad nacional, sin aparente contradicción, cuando afirma simplemente: “soy una panameña negra y pobre”.
3.- ¿Es real la discriminación contra los afro descendientes Panamá?
La respuesta estadística a esta pregunta hubiera dilucidado, de una vez por todas, la duda de quienes niegan la existencia fáctica de discriminación racial contra los panameños afro descendientes. En consecuencia, era perfectamente coherente haber realizado el Censo Nacional de 2010, la inclusión de la pregunta racial, para medir la variable étnica de la distribución económica de Panamá, con criterios estadísticos incuestionables, incluso para quienes la niegan cuando la califican de “complejo” o de mera “percepción”.
A pesar del fracaso del Censo de 2010 en medir la variable étnica afro descendiente, por razones del racismo hegemónico de nuestra sociedad que conduce con frecuencia a su negación o invisibilización, contamos con información histórica, etnográfica y sociológica para identificarlo, describirlo y explicarlo[2].
En efecto, por una parte, y desde el punto de vista histórico y etnográfico, se observa la promoción económica y social de la comunidad afro descendiente en su integración laboral calificada y profesional, con preferencia entre clero y pastores, en la policía y milicia, como profesionales de la educación y la medicina, músicos, intelectuales y funcionarios del sector público principalmente. Su vocación de servicio se hace notoria y ejemplar.
No obstante, y a pesar de estos logros observables,  permanecen todavía grandes poblaciones en condiciones de pobreza y riesgo social más acuciantes entre la población negra concentrada en las provincias de Panamá y Colón, que en la población blanca que habita estos mismos espacios.
También resulta impactante, por otra parte, la práctica penal y carcelaria de Panamá que castiga de preferencia al panameño negro y pobre, mientras deja impune al criminal rico y blanco.
Ahora bien: estudios económicos y sociológicos arrojan la conclusión de que la pobreza extrema de los panameños la sufre con mayor rigor la población indígena. Y la etnografía sugiere que otros grupos étnicos como el chino, hebreo e Indostán (aunque diferenciados económicamente dentro de su propio grupo étnico) logran tanto éxito económico cuanto las élites criollas.
La antropología cultural sugeriría comparar las estrategias económicas y étnicas de cada uno.  Donde los indígenas, si bien que han obtenido logros políticos considerables con la adjudicación estatal de comarcas, se apegan a sus tradiciones económicas de subsistencia, que los mantienen en extrema pobreza; por su parte, los afro descendientes se integran a la clase profesional (pública predominantemente) de nuestra sociedad, logrando una ascendencia socio económica lenta pero segura. Por su parte, los chinos, hebreos e indostanes de Panamá se integran a la economía mercantilista panameña, como empresarios chicos, medianos y grandes, asimilándose al capitalismo de servicios, solidarios dentro de su grupo, mientras cultivan su identidad étnica en otros rasgos de su cultura como son su religión, sus prácticas matrimoniales endogámicas, sus fiestas y rituales comunitarias.
4.-Aportes del estudio de Alberto Barrow de la historia legal sobre la variable étnica en Panamá del racismo eurocéntrico al pluralismo del Estado; de la etnicidad a la identidad nacional del grupo afrodescendiente.
VARIABLE ÉTNICA EN EL MARCO LEGAL DE PANMÁ es una respuesta inteligente del autor para responder a quienes intentan invisibilizar y negar la discriminación racial de Panamá. Al estudiar, históricamente, las leyes y sus prácticas que regulan el acceso a los derechos de ciudadanía de los grupos afro descendientes define un objeto de estudio lo suficientemente “duro”, por escrito y fijo, que permite identificar y cualificar, con evidencia incontestable, la discriminación que ha existido históricamente y que, a pesar de los avances de la democracia y la igualdad de derechos propugnada en nuestras constituciones, hay leyes nuevas y viejas que persisten en la discriminación. Y, por otro lado, siempre en el marco jurídico, la persistente ausencia de reglamentaciones para hacer cumplir las leyes de la igualdad, complementan el cuadro de la discriminación étnica. La estrategia de Alberto Barrow es contundente por observable.
En su contenido, el libro de Alberto Barrow incluye un amplio recorrido desde las primeras exclusiones migratorias por ley en Panamá, las leyes de ciudadanía, las leyes laborables, el Código Penal, de 1904 y 1910. Luego, de manera especial, enfoca la Constitución de 1941, su derogación y reemplazo por la Constitución de 1946, leyes xenofóbicas y racistas así como también leyes positivas por la igualdad y la inclusión, especialmente aquellas que fueron promulgadas posteriormente a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Se estudia  también la Constitución de 1972. Identifica y analiza otras leyes, más recientes, de acción afirmativa contra el racismo como la Ley N° 9 del 30 de mayo de 2000,  que crea el “Día de la Etnia Negra Nacional”, la Resolución alcaldicia N° 407 de 2001 contra la práctica de exigir fotografías en los currículos para obtener plazas de trabajo, la Ley 16 del 10 de abril de 2002 sobre el derecho de admisión, la Ley N° 11 de 22 de abril de 2005 que prohíbe la discriminación laboral, el Decreto Ejecutivo N° 124 de 27 de mayo de 2005 que crea una Comisión Especial para el establecimiento de una política gubernamental para inclusión plena de la etnia negra panameña, el Decreto Ejecutivo N° 116 de 29 de mayo de 2007 por el cual se creó y reglamentó el Consejo Nacional de la Etnia Negra para formalizar e institucionalizar la inclusión del grupo afro panameño. Dedica un capítulo especial al Censo de Panamá de 2010 y la invisibilidad estadística de los afro descendientes. Su base jurídica, su conceptualización, historia y fallas en su realización.
Aparte del valioso aporte de Alberto Barrow al identificar, clasificar y analizar el conjunto de leyes con referencia a la variable étnica, su estudio permite un recorrido histórico no siempre linear ni mucho menos ascendente, de malo a mejor, en materia de igualdad; con una visión realista del recorrido ideológico y cultural de nuestra sociedad y de su Estado nacional, con momentos de mayor apertura migratoria y ciudadana, conjuntamente con otros momentos caracterizados por la xenofobia y el racismo; con avances y reveses; con ascendencias y recaídas, en materia de una discriminación racial siempre presente. A pesar de la captación de los avances y retrocesos, coherencia y contradicciones de la democracia liberal y conservadora panameña, la percepción del autor, en términos generales, es optimista en su balance histórico. Incluso, en su último capítulo, presenta una propuesta de Reformas Constitucionales, desde la perspectiva de la etnicidad, que conducen hacia un Estado nacional más incluyente, cuyo texto haga explícita la diversidad cultural y la pluralidad racial de Panamá. Donde se enfatiza la igualdad ciudadana dentro del marco de la diversidad étnica y se incluye un régimen de sanciones para la violación de estas Leyes. También defiende el concepto de una educación integral, que incluye las historias vividas por todos los grupos étnicos y raciales de Panamá, equitativamente, con intención de promover su reconocimiento y su inclusión.
5.- Reflexiones finales; ¿es la etnicidad extemporánea en un mundo global?
La etnicidad puede definirse como la decisión de una comunidad por diferenciarse de otra u otras, en razón de origen, raza social, historia y cultura. La etnicidad, además, implica prácticas endogámicas y la subordinación política respecto a la cultura hegemónica y las leyes del Estado nacional.
La etnicidad como decisión diferenciadora es opuesta a la asimilación, siendo ambas estrategias de supervivencia, autonomía y negociación con un Estado hegemónico.
Desde esta perspectiva, la etnicidad puede surgir como resultado de tres procesos a saber: (1) como un subproducto de la discriminación, donde el grupo hegemónico construye una identidad negativa sobre el grupo discriminado: (2) como una construcción de la identidad colectiva de los propios grupos que se deciden voluntariamente por mantener su identidad diferenciada históricamente, cultural y racialmente; o (3 )como una síntesis de ambas dinámicas.
Por tanto, en la medida en que los Estados nacionales mantienen vigencia como actores e interlocutores de los bloques regionales en la globalización del mercado, la etnicidad continúa vigente como componente significativo y estructural de los Estados nacionales.
De otro lado, desde la perspectiva global, la etnicidad ha adquirido alianzas estratégicas transnacionales que la fortalecen en los contextos: nacional,  internacional y global. Así, casos como el de los indígenas de América y como el caso de los afrodescendientes de América, los indostanes, los hebreos y los chinos en el mundo, entre otros, establecen alianzas especialmente políticas ( a veces, también matrimoniales) y de cooperación que  fortalecen la etnicidad, simultáneamente a su fortalecimiento como comunidades transnacionales, en un contexto global.
Contrariamente al sectarismo inherente a los grupos étnicos más conservadores, la etnicidad en Panamá en los casos de las naciones indígenas y de los afrodescendientes ha expresado recientemente su vocación genuinamente democrática y comunitaria que al defender  los derechos ciudadanos del propio grupo, los trasciende inspirando, transformando y liderando movimientos cívicos que ocupan el espacio más amplio de la sociedad panameña criolla y mestiza. En el caso de la etnia negra, que nos ocupa en la noche de hoy, el discurso político de este grupo, bajo el liderazgo afro antillano, ha evolucionado del discurso victimista y reactivo hacia un discurso proactivo de liderazgo: de una identidad social marginal y suspicaz en relación al Estado panameño a una identidad social de actor activo con derechos. Del estudio que realiza Alberto Barrow se infiere una perceptible evolución narrativa del grupo afro descendiente de Panamá, que construye primero una narrativa étnica afroantillana que, luego, amplía su espectro ontológico a un ámbito regional (con fuertes lazos ideológicos con los afroamericanos estadounidenses) que se extiende, paulatinamente, para incluir a los hispano afro panameños (superando diferencias que los dividieron por muchos años, lo que permite su asociación con otras poblaciones afro latinoamericanas).
Por último, la propuesta de la comunidad étnica afro panameña para reformar la Constitución Nacional demuestra que esta comunidad, finalmente, ha asumido su nacionalidad de panameños generando, ella misma, por primera vez, una narrativa de Estado. No cabe duda de que este grupo de panameños ha optado por el discurso de las libertades ciudadanas y la inclusión con equidad, la diversidad y el pluralismo cultural, a través de su participación pacífica, demostrando extraordinario civismo, en los procesos democratizadores de nuestro país, con lo cual ofrecen uno de los más valiosos aportes a la sociedad y al Estado de Panamá del siglo XXI.
                                    Ana Elena Porras


Muchas gracias




[1] Texto extraído de mi libro CULTURA DE LA INTEROCEANIDAD: NARRATIVAS DE IDENTIDAD NACIONAL DE PANAMÁ,  1ª edición, Editorial Carlos Manuel Gasteazoro, EUPAN, Panamá, 2005, págs. 194-197

[2] Como anécdota significativa, puedo informarles que la chica asignada a realizar el censo en mi casa, en Bella Vista, nunca nos preguntó a mi esposo ni a mí, si teníamos origen afro descendiente o algún pariente afro descendiente. Y, al preguntarle por su omisión, ella respondió con risitas nerviosas “que era evidente que éramos blancos y que no había querido ofendernos” (¿!).

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