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lunes, 2 de julio de 2012

Los Tentáculos de la Secta por Julio Moreira


Por Julio Moreira (este cuento aparecerá dentro de poco en la antología de Talleres en Panamá y del Diplomado Internacional de Creación Literaria versión 2011. El primer programa fue llevado a cabo por la Fundación para la Gestión del Arte y AFP Cooperación Cultural, y contó con el apoyo de la Embajada de España en Panamá y de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, AECID.  El segundo programa fue llevado a cabo en el marco de  la Universidad Latina de Panamá)..
Siendo sincero conmigo podría decir que lo vi venir.   Quizás me cegué a la idea de que el acto fuera perpetrado por ese particular ejecutor, pero conociendo a mis perseguidores creo que fue una ingenuidad de mi parte, peor aún, tengo los ojos para ver y los cierro, o me dejé seducir tanto que los cerré a doble mano extasiado en el aroma de jazmín que tiene U.   Fijé mi atención aquella noche en el suelo de madera, en el resto de mi pieza del viejo hostal, en esas amorfas figuras que parecían adquirir vida propia dentro del cuarto invadido por la niebla, cerca de la cima del Cerro... me perdí en ese aroma a jazmín que traía la bruma, el cual volvería a sentir en un corto tiempo, sin poder intuir la premonición que cargaba ese aire.   Sin embargo pude esconder los manuscritos, bajo una llave que había creado y esconderlos de mi perseguidor.
Yo me recluí en el cerro hace seis meses, desde que “suicidaron” a Fournier sentí temor (después de que publicó “La clave de los símbolos” y “El secreto de las cavernas” se había vuelto un perseguido, las obras son claves en el estudio del Principio; un asesino sin rostro simuló un robo y de paso le puso un tiro justo en medio de la frente, sin duda obra de la secta[1]) y después de que murió Medrano (petrificado por sus miedos hechos golems en aquella casa de playa, un caso extrañísimo) supe que no había más remedio para ganar algo de tiempo que internarme aquí en el cerro y buscar una manera de librarme del destino infausto que se advenía.   Decidí convertirme en un eremita casi por completo y estudiar los textos.   No tenía muchos lazos con el mundo exterior.   Por seguridad me deslindé de mis hermanas, únicos parientes cercanos; y salvo por unas cuantas noches con U cuando venía irregularmente a dejarme víveres, tabaco y papel, corté todo lazo con el mundo exterior.   Me mantenía en mi afán de terminar de explicarme el Principio, descifrando textos tan variados entre sí como letras de canciones, ensayos de física cuántica, tratados esotéricos, notas de diarios, pentagramas musicales, literatura, poemas, y por supuesto los manuscritos de Medrano.
U es mi asistente, un pequeño puesto de Sub-director del Departamento de Difusión Cultural en la Universidad; me daba esos pequeños lujos.   La ayuda de U se extendía más allá de sus funciones, cosa que siempre me pareció en suma curiosa y me llevaba a desconfiar de ella, aunque descarté cualquier sospecha (en un comienzo) al conocer su voracidad por las letras; era lógico que quisiera inmiscuirse con algún escritor, la tomé a la ligera, no la sentí como amenaza (o sea un agente encubierto de la secta[2]), yo casi no había publicado; si acaso un libro de cuento, un par de poemarios además de unos cuantos ensayos y ficciones cortas esparcidas por ahí.   Tenía una modesta acogida en ciertos círculos nacionales, en esos/estos tiempos la mayoría de las lecturas que atraen a la gente carecen de esa esencia proteínica que tiene el arte.   Pasó un tiempo antes de volverse mi amante, confieso que mi relación con U no podía ser mejor.   Era una mujer inteligente, de ojos negros grandes y labios carnosos que me ayudaba a revisar mis trabajos (los no secretos) y además era una leona en la cama.   Durante mi encierro pasamos el tiempo entre el escritorio, el colchón y el vino tinto.   Algo que era como una astilla en el ojo era su molesta constancia de querer revisar mis documentos sobre la secta (nunca le dije sobre qué trataban[3]).   No se los mostré por la misma razón que me alejé de mis hermanas, pero luego solo fue por desconfianza.    Cuando traté de explicárselo, lo mejor que pude sin hacer referencias directas al tema de los manuscritos y sin revelar mi suposición paranoica sobre ella y sus intenciones, me argumentó con una seguridad fatalista que yo no tenía por qué temer por su seguridad, “tengo algo especial que me cuida”, me susurró al oído, azuzando mi incertidumbre.   Luego me miró y sonrió sutilmente para entonces besarme el cuello y envolverme en su hechizo de carnes café con leche.   Después de la delicia de la esas pequeñas muertes volvió al tema, hasta que yo me ofusqué con su insistencia y entonces ella desistió, por el momento.   Durante un mes entero me fue tratando de sacar información de los manuscritos.   Empezaba como de costumbre, seduciéndome.   Semanas después, bajo los efectos de dos botellas de tinto y una hora en la cama, me hechizó con una mezcla de tabaco y hachís para que le dijera mi teoría sobre la petrificación de Medrano y la extraña marca de seis puntas en la frente del petrificado[4]; suceso que una vez por error le mencioné, y el cual solo podía hacerme contárselo en trance.   Mientras fumamos, recuerdo que empecé a narrarle los hechos que precedieron el desenlace fatal de mi amigo: el encierro en la casa de playa, los meses febriles de creación, mis visitas casi semanales, las visitas de N la misteriosa amante del poeta en esos años.   Mis visitas eran excusas para divagar sobre los avatares de la literatura, teorizar sobre la creación, la miseria del escritor por jugar a dios, castigo del que yo descreo; lo más importante: conocer aquellos métodos poderosos para hacer frente a los agentes de la secta, pero esto no se lo dije a U, noté que esas elipsis la ofuscaban, pero algo que buscaba en mí o de mí la obligaba a contener su ira.  
Los editores estaban extasiados con los escritos de Medrano; creaciones[5] tan vivas que desgarraban el papel que las sostenían, prácticamente respiraban, sangraban, reían, lloraban y gemían.   Me sorprendí de tanta fuerza, hasta que supe su método, conocimiento que era prácticamente la marca de los disidentes de la secta[6] (y a la vez sentencia).   Su último trabajo no había sido encontrado.   U me preguntó sobre qué trataba, guardé silencio y seguí con la historia.   Sospeché la pregunta sin fundamentos para dicha sospecha.   Dije que no sabía.   Le expliqué que de ese trabajo en particular hablamos más abstracto que sobre los otros.   Pareció creerme.  Le conté a U el sueño de Medrano; él se veía a sí mismo dentro de un espacio blanco, del cual surgían una a una letras y números en muchos idiomas…infinitos, me dijo Medrano en tono solemne y parco… se volvían una melaza oscura que iba condensando sobre si misma todas las variantes del Principio hasta que el espacio se volvía un prisma y le mostraba todo el espectro del color, de las formas, hasta que sólo quedaba el Nombre.   A medida que repetía el nombre las formas cobraban vida, el espacio se expandía y se convertía en un universo.   Vio una silueta adornada por una túnica roja que lo acechaba en el momento que Medrano sentía descubrir el Principio,- ¿qué es el Principio?- preguntó U, me hice el sordo y proseguí con el sueño.   Medrano veía a ese ente vestido de rojo manipulando sus creaciones con unos tentáculos que parecían salir del vientre, haciéndolas salirse de control, sometiéndolo a él también como una parte más de lo creado, justo cuando las formas daban la impresión de infringirle el horror mortal ordenado por ese vil ente Medrano despertaba y olvidaba el Nombre[7]; notó que el agudo olor a jazmín de N lo perturbaba y causaba una inexplicable nausea que sentía en el sueño por igual, cercenó todo contacto con esa amante y no supe más de ella.   Medrano fue apuntando una a una las 99 letras que configuraban aquella invocación hasta que pudo completar la grafía, la cual nunca me confesó.   Le mentí.   Le conté los detalles superfluos sobre las últimas visitas, en las cuales perdí la esperanza de que Medrano conociera el método para contrarrestar a la secta y a su veneno (propio de su deformación del Principio), ponzoña que hizo saltar de las páginas los peores miedos de Medrano (reconocí en los brazos de Medrano las mordidas de “los perros güegüenses”, tenía el pecho lacerado con las “uñas rojas”, y los ojos de “ahorcado”, 3 ficciones terroríficas de mi amigo).   U tomó un cigarrillo y preguntó si yo sabía el paradero del manuscrito de Medrano, le dije que no.   Me preguntó si tenía alguna idea, quizás lo envió a algún editor, o quizás lo destruyó dije lacónicamente para zanjar la conversación.
La última llamada que recibí de Medrano fue la confirmación de mis sospechas acerca del avance de su trabajo, 112 páginas de ensayo denunciando la deformación del Principio el cual era moldeado por la ilusión del ego, y según la teoría de Medrano, era la venda impuesta sistemáticamente mediante un lenguaje sonoro-audiovisual, el cual era posible erradicar con la atención de la conciencia[8].   Medrano era un peligro para los jerarcas de la secta, el ensayo era un manual de supervivencia para los vicios del deseo, descubierto en su experiencia, con una atinada interpretación simbolista, creado como una barca y para aquellos que encontraran lo sacro en esas líneas.   Le había costado seis meses de trabajo y encierro.   Días antes, casi histérico, me confesó que sus escritos previos habían sido sólo una tentativa, que había descifrado el Nombre completo, decía poder narrar lo inenarrable, revelar lo que no se puede nombrar, el sólo hecho de esa afirmación me asustó, la secta contaba con un servicio de inteligencia infalible enfocado a buscar y cazar cualquier autor y texto que revelara la esencia del Principio.   A la semana fue encontrado por su arrendador.   La casa hecha pedazos, lo más curioso para mí eran las paredes, de arriba abajo decoradas con un dripping de letras, frases, números, versos, encriptados en siete idiomas reconocibles, algunos muertos o casi, una locura absurda, la cual fotografíe, él estaba en el suelo, en medio de la sala, petrificado con una grieta de seis puntas en la frente.
Estuvieron detrás de Medrano, como lo estuvieron detrás de Fountier, como lo están de mí.   Recibí el paquete con el manuscrito y con una carta de Medrano, tomé una licencia, fui a que me cerraran el cuerpo y me retiré al cerro a estudiar el texto.   U no ha venido más, yo dejé de llamarla, han pasado dos semanas desde que le narré el sueño de mi amigo y divagué sobre su final.   Para ese momento no necesitaba su carne, comía poco, bebía poco, lo estudié a fondo y luego descubrí el secreto del Principio.   Escondí los textos sobre el Principio, la llave puedo decir fue mi creación, se necesitan dos componentes en dos planos distintos para abrir la cerradura.   Revisé la carta y encontré un separador de páginas que había pasado desapercibido, tenía una advertencia: “cuídate del olor a jazmín.   Es el aviso de la máscara de la muerte que martillará con su tentáculo la fatalidad en la frente de los enemigos de la secta.”   En el instante que alcé la mirada el viento rugió, una bruma roja entró por debajo de la puerta y nubló mi visión de la pieza, sólo sentí un puñal entrando en mi vientre, tenía un sabor a madera Tucum.   Después me desplomé y mi sangre brotó sin remedio, apenas pude alzar la vista para ver a  U vestida de rojo, sonriendo sutil y macabra, a la vez que movía sus húmedos tentáculos, uno tenía el puñal de madera que violentamente enfilaba al centro de mi frente mientras los otros buscaban frenéticos los manuscritos de Medrano que logré esconder de los tentáculos de secta dentro de un cuento diseñado sólo para cierto tipo de lector.
Texto reproducido de “La Enciclopedia Nova del Mundo Desconocido”; 3era edición Madrid, España, 1999; Volumen VII: Crónicas Apócrifas de Mesoamérica; Sección: Panamá; Autor: Anónimo y de paradero desconocido.


[1] "La secta de los escribas es tan arcana como su arte.   Nació con las enseñanzas de la Madre de los dioses.  Los conflictos entre sus facciones beligerantes que como mafias, buscan el dominio y la manipulación del Principio, nacen desde la génesis de la secta.   Algunos renegados tratan de buscar maneras para liberar el Principio de esa cadena, la resistencia es escasa pero continua.”
Del libro “La clave de los símbolos”, Jean Paul Fountier, Pág. 136 – 1890.
[2] “Algunas veces somos parte inconsciente, otras no somos parte de nada, otras somos agentes de su lado más vil; la secta desde hace 15,000 años ha tenido el control de los secretos y del Principio deformándolos en dogmas abominables.”
Del libro “El secreto de las cavernas”, Jean Paul Fountier, Pág. 31 – 1900.

[3] “La palabras y el secreto son el concepto, la llave del Principio que guardan celosos para su propia gloria; de ahí que los disidentes sean tildados de blasfemos que deben ser cazados por el hecho de r-e-v-e-l-a-r.” (Ídem)
[4] “La guerra sucia sectaria secreta se libra en varios escenarios, en numerosos frentes y en tantas dimensiones como la teoría permite, pues el Principio que conocen los más sublimes escribas traspasa la apariencia de la forma, del tiempo y del espacio.”
Del libro “El caleidoscopio y las puertas abiertas de fuego (tratados etéreos)”, Salomón Medrano, Pág. 43 – 1984.
[5] “El acceder al poder creativo en plenitud, inherentemente coloca al sujeto dentro del terreno de la secta, más no revela el Principio, pero encamina a su descubrimiento y al néctar de la etéreo.” (Ídem)
[6] “Conocemos a cabalidad la relación entre el fuego, la luz, la sombra, y lo eléctrico; comprendemos a plenitud la relación entre el observador y lo observado, la premisa: EL VERBO CREA, está tatuada en nuestra frente y es la seña incandescente que nos marca como blancos móviles ante los agentes de la secta, pero conocemos el Nombre que ellos ambicionan invocar.”
Del libro “Los vigilantes del fuego”, Salomón Medrano, Pág. 52 – 1969.
[7] “Cualquier intento de liberar la sabiduría de esa horrible condena oscura tiene consecuencias fatales.” (Ídem)
[8] Ese afán por ocultar las virtudes del Principio ha dado como resultado los actuales sistemas de control.   No se discute entre los renegados los engranajes sociales, religiosos, económicos, psicológicos, además de la influencia de las políticas de salud y nutrición, que desde la antigüedad han estado en función de mantener en el poder a la vil facción.   Solo la Mente libera a la Mente, todo procede de ella, incluso la esclavitud.   La Mente es la llave.”
Del libro “Los ahorcados”, Salomón Medrano, Pág. 81 – 1990.


Imágen extraída de búsqueda de imágenes relacionadas con sectas, número 247_5_46d0a980ec7f6.

1 comentario:

  1. Interesante texto, especialmente por el atrevido recurso de las notas al pie de página.

    Me placería contactar al autor.

    Saludos!

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