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miércoles, 24 de octubre de 2012

Requiem para un ser querido.

Yolanda Ríos viuda de Moreno le dedica estas sentidas palabras a su finado esposo. Ha pasado un año desde su partida. En vida, él fue secretario de la Fundación para la Gestión del Arte.

“Silencio y Paz.  Fue llevado al país de la vida. ¿Para qué hacemos preguntas? Su morada, desde ahora, es el Descanso, y su vestido, la luz.  Para siempre.  Silencio y paz. ¿Qué sabemos nosotros?”                   
Encuentro, Talleres de oración y vida. Ignacio Larrañaga

MI   LLANTO.
Veo como, poco a poco, se van desvaneciendo las luces que brillaban en mi vida; que le daban el sustento, con calor, a mi ser y con amor aspiraba mi aliento.  Es sin duda el más triste y doloroso sentimiento que he tenido que afrontar hasta este momento.
Solo la fortaleza que emana de nuestros hijos es lo que me brinda el impulso para que día a día venza mi angustia y mengüen mis temores, por demás infundados. Pero este sentimiento de estar expuesta al peligro y la desolación que me infundió tu partida, nada ha podido sanar.  Afrontarlos es lo único que he hecho, sintiéndolos hasta la médula para después liberarlo al viento.
Sin embargo, la vida se encarga de traerlo una y otra vez cruelmente, como si se regocijara en mi duelo.  Día tras día, cada vez que tenía que hacer un procedimiento relacionado con tu partida, sentía que iba apagando la luz de tu camino; a veces ya no quería avanzar, pues no quería borrarte de mi vida, borrar una vida tan especial, tan útil, tan abundante en dadivas, en aprecios, en trabajo, en amores, en aportes que quedaran para siempre, erguidos y anónimos, al servicio de todos.
Te respeto por la vida que me entregaste, tus ejemplos.  Te respeto por tu honradez, por tu integridad, por tu rectitud, por tu inteligencia, por tu discreción, por tu valentía, por tus silencios y por tu dedicación a la familia y al trabajo.  Por cada día que, de madrugada, te levantaste feliz para ir a trabajar, y regresabas cansado a tu oasis de música y paz.
Pero sobre todo por tus demostraciones de afecto tan singulares y sinceras, de total responsabilidad hacia nosotros, tu familia, donde dejaste profundas huellas de valores morales, culturales e integrales que sin duda traspasaran hasta nuestros más lejanos familiares y amistades que vieron en ti, un ejemplo a seguir. Me alegra mucho habértelo dicho y escrito en vida, porque te lo llevaste dentro de tu alma.
De más está decir que, aunque se apaguen muchas luces, hay algunas que no se apagaran jamás, pues una estela como la que tú dejas la llevaremos siempre en el alma impregnada ya con tu amor. Amor que jamás podremos olvidar. Nunca jamás se apagará la llama de tus ternuras, de tu dulzura hacia mí y nuestra familia, y que muchos no conocieron. Esa luz estará siempre encendida iluminando nuestras vidas. Hasta que Dios nos permita reencontrarnos de nuevo.  Hasta pronto Lionel (26-11-1943 a 24-10-2011).
          
PRIMER ANIVERSARIO, 24-10-2012

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