Eventos

  • Taller de Cuento - Exedra Books, Panamá - Tel. (507)6673-6923

miércoles, 10 de julio de 2013

La edición en Hispanoamérica y su relación con España

Álvaro Valderas, un escritor y editor español afincado en Panamá, viajó en representación de FUGA EDITORIAL, a la Feria del Libro Independiente  de Cantabria


No es fácil afrontar el tema de la edición en Hispanoamérica como un todo, ya que no se trata de un escenario uniforme. El mundo del libro toma caminos diferentes en cada país, dependiendo del tamaño del mercado, la cultura, los apoyos institucionales, la aceptación de las modas o la economía, entre otras muchas variables.
Algunos gobiernos de tinte social se han preocupado por la difusión de la cultura y han generado miles de publicaciones de precio muy asequible, en las que el contenido prima sobre el continente, a costa de estancar la iniciativa privada. En el resto de países, la mala distribución de la riqueza (Haití ya ocupa el primer lugar, Panamá el segundo) hace que el gusto se parcialice mucho, siendo rentables las ediciones muy caras y las muy baratas, sin que haya casi espacio para productos intermedios.
El desarrollo económico y social, las nuevas tecnologías y, fundamentalmente, la crisis española, están variando el eje tradicional del mercado del libro. Publicar en España es todavía la gran ilusión de muchos autores hispanoamericanos, pero se empieza a tomar como un trampolín hacia otros mercados nacionales y un prestigio para el autor, que alcanza esa plaza difícil, de calidad probada y alta competitividad, y no como un fin en sí mismo. Hispanoamérica ha descubierto a Hispanoamérica, a Estados Unidos, a España y, gracias a la edición digital, al resto del mundo como compradores.
México y Colombia tienen una producción alta de libros, lo que permite abaratar el precio de la impresión. Es frecuente que, para tiradas altas que requieren alta calidad, se recurra a ellos, según la cercanía y condiciones, y así muchas revistas centroamericanas prefieren pagar los portes y gestionar a distancia, incluso desplazar a un responsable que supervise el proceso, que luchar en su propio terreno con imprentas que dirigen su esfuerzo empresarial al mercado de los folletos, la publicidad y los formularios. Recientemente se está notando la introducción de las imprentas chinas, que aseguran una calidad media a un precio insuperable, pese al transporte. A muchos les parece una apuesta a ciegas, pero en el futuro van a tener que considerar esta opción.
Las imprentas digitales están permitiendo la proliferación de tiradas pequeñas, que son las ideales para autores aún no muy comerciales en un país pequeño. Una tirada de 200 ejemplares es más que suficiente para un escritor de relatos ajeno a los despliegues publicitarios y a los mercados cautivos (como el de la educación, la panacea de la que todos quieren vivir). La maquetación (o diagramación), elaborar la portada y la gestión cuestan lo mismo para 200 que para 1000 ejemplares, mientras que el precio de impresión por ejemplar resulta ligeramente más alto: ya que el precio final del libro nacional no puede ser muy alto, no hay atractivo comercial para una empresa. Por eso son habituales las fórmulas de coedición, o autoedición, incluso abriendo paso a negociaciones muy creativas, que son mucho más sostenibles si el editor dispone de una sala para las presentaciones (que a veces venden hasta una tercera parte de la tirada), o liga el libro a una serie de conciertos musicales (en los que se puede vender entera), o es dueño de una librería. Pensemos que, en algunas zonas, la librería trabaja con el libro nacional en depósito (para las novedades extranjeras y best sellers se acogen a lo que pida el distribuidor) y con un margen del 40 %.
Pese a tener que pagar para hacer visible su trabajo (algo que no le pasa a los albañiles, ni a los médicos, ni a los funcionarios, etc.), los autores hispanoamericanos afrontan este reto siempre que pueden, en solitario o con ayuda de amigos, sabiendo que siempre van a recuperar al menos una parte de la inversión. El escritor está muy comprometido con su obra. Ha pasado de ser un genio incomprendido que morirá inédito a explorar los placeres de la microempresa, sin la vergüenza peninsular que sentíamos en los años noventa, cuando alguien nos proponía pagar por publicar, pero, ¿por quién me has tomado? Sonaba mucho menos deshonroso cuando, en vez de eso, nos pedían que comprásemos un número determinado de ejemplares para distribuirlos nosotros mismos, quién mejor que el autor. El hispanoamericano, laureado o no, ha superado con gran inteligencia ese pudor y ha reconocido que, si no, sus posibilidades —perfectamente al margen de su calidad— de publicación son casi nulas.  
Por otra parte, en cuanto a su ámbito de actuación, el autor vuelca su atención a las grandes editoriales de España y México, pero también sube la vista a Estados Unidos, a través de editores de Miami y Puerto Rico, o de revistas en español. También se está notando una gran tendencia a la traducción, en especial para ciertos subgéneros y temas. El idioma mayoritario es el inglés, pero se empieza a ver una gran apertura a otras posibilidades. Los editores toman la traducción como una opción a largo plazo, aún, aunque es frecuente que hagan algún intento tímido. La mayoría de las veces no pasan de las ediciones bilingües, algunas de ellas orientadas al turismo. Aunque me parece que el turismo cada año consume menos papel.
Los premios son otro pilar fundamental de la industria del libro en Hispanoamérica. La tirada de un premio importante se suele vender más o menos bien, y la acumulación de premios es la mejor manera en que un autor pueda demostrar ante la prensa y ante quien le escriba el texto de solapa que tiene mucha calidad, y eso ayuda mucho a las ventas. Por eso, hasta las editoriales más pequeñas acaban pensando en convocar algún premio como parte de su estrategia de mercadeo, cuando no les da por publicar a los doscientos finalistas en una antología, asegurándose así unas ventas que de ninguna otra manera conseguirían.
En cuanto al libro digital, que reúne todas las ventajas para este tipo de tiradas, no ha calado aún. La gente suele decir que no está acostumbrada a leer en pantalla y que echa de menos el formato en papel: por lo general, esta objeción es perfectamente falsa, pues más de la mitad de la gente se pasa varias horas diarias leyendo una pantalla (teléfono inteligente, ordenador, televisión, tableta) y raro es el año en que se les ve con un libro en las manos. Están enmascarando, quizá, que sus hábitos de compra no pasan por un lector electrónico, o por el uso de la tarjeta (hay mucho miedo a que les roben el dinero de sus cuentas) o, simplemente, por comprar un libro. Pero una parte de ese mercado sí está empezando a comprar música en línea. Si se les ofrece un producto atractivo, quizá acaben aceptando el libro digital.
Los editores, aunque suelen abrir una sección digital, aún no la manejan como una rama importante de su negocio, por diferentes razones. Pero empieza a haber cada vez más opciones (algunas están ligadas a un dispositivo; otras, a un sistema operativo; otras son abiertas), y todos tienen claro que, tarde o temprano, parte de su catálogo se moverá en este formato.
También se le ve un buen futuro a la impresión bajo demanda, que en ciertos lugares no ha funcionado más por la mala gestión de las compañías que por la poca bondad del procedimiento. Dentro de ella, las máquinas impresoras-encuadernadoras instantáneas empiezan a mostrar su potencial, y se les augura un gran éxito.
Quizá el problema fundamental esté en la distribución deficiente del libro. En algunas zonas, la infraestructura de comunicaciones y transporte la dificulta mucho en los pueblos y ciudades pequeñas, con lo que el mercado se centra en la capital, ya que no se considera un artículo de primera necesidad. Reorganizar la distribución y gestionar la importación y exportación ofrece muy buenas oportunidades para aquellas empresas que quieran arriesgarse.
El libro digital plantea el problema de cómo destacar nuestro sello o nuestro título en el gran maremágnum de la red. Y, como en el caso anterior, también ofrece oportunidades para quienes tengan la idea oportuna.
Para terminar, hay dos grandes filones a explotar: los libros religiosos (en algunos países hay más librerías religiosas que generales), con un mercado fiel muy interesado en el tema, y los elegidos como texto, lectura obligatoria y lectura recomendada para colegios y universidades, tanto públicos como privados.
Hispanoamérica es un territorio que tiene mucho que ofrecer también en el mundo de la edición, y que está tomando muchas iniciativas importantes. Creo que es un error, en estos momentos de crisis, que las empresas españolas retiren de ella sus ojos en vez de tenderse la mano mutuamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario