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sábado, 7 de diciembre de 2013

El emperador quiere comprarse un alma (sobre la agresión al recuerdo del 9 de enero).




Pensemos en un emperador que desea comprarse un alma.

Para seducirlo, un vendedor malicioso le muestra una vitrina con una colección esplendorosa.

Ninguna de esas almas es la suya, de modo que no le quedarán bien.

Eso lo sabe el vendedor, pero no se lo dice al emperador por razones que pueden suponerse.

 

En vísperas de los cincuenta años del 9 de enero, Ricardo Martinelli ha decidido perseguir a los institutores.

Y lo peor, ha atacado símbolos de esta fecha tan significativa.

Entre ellos, un mural que pintó el Kolectivo, grupo de artistas urbanos que llevan las de ganar en este presunto juego de pintar y repintar.

Antes, Martinelli demolió el edificio que albergaba la embajada de los Estados Unidos, construcción frente a la que se escenificaron luchas fundamentales.

 

Algunos antecedentes. El 9 de enero de 1964, estudiantes del Instituto Nacional encabezaron una marcha para entrar en la zona del Canal e izar la bandera panameña.

Esta marcha acabó con una enorme cantidad de muertos y heridos.

Estos mártires fueron el combustible que hizo rodar el descontento histórico.

Encendió la dignidad del presidente Chiari, quien rompió relaciones con Estados Unidos.

E impulsó a Omar Torrijos en un enfrentamiento paciente que culminó con el tratado que habría de entregar el Canal a manos panameñas.

Si estos estudiantes no hubieran agrietado con sus cuerpos los muros de una relación injusta, todavía estaríamos cercados por esos muros.

 

Ricardo Martinelli no tuvo problemas en hacerse el italiano, el español, el estadounidense y hasta de israelí, pero del país que lo vio nacer no quiere dejar ni la más mínima huella.

Es increíble lo mal que se refleja en el panameño común.

Es un espejo en el que las imágenes se distorsionan; da la impresión de que no entiende lo que le rodea.

Caminar en los zapatos del pueblo, que fue su eslogan de campaña, ahora suena a burla.

 

¿Por qué está haciendo esto Martinelli?

Si se piensa en el proyecto de Panamá como país instrumento, la respuesta es muy obvia. Se quiere docilidad. No debe recordársele al panameño común que recuperó su independencia valerosamente. No, restémosle valía. Que los flujos financieros pasen sin estorbos. Que la economía se sirva del ser humano en vez de servirle.

¿Pero Martinelli está totalmente volcado a este proyecto despersonalizador y antinacional? Puede ser que no. Tal vez fuerzas más complejas estén utilizando su desbordada egolatría.

 

Pensemos otra vez en el emperador.

La idea del vendedor no es servir bien a su cliente, sino que gaste la mayor cantidad de dinero.

El emperador compra un alma y al poco tiempo regresa, porque le incomoda, no es la suya.

El vendedor le ofrece otra que, por supuesto, también acabará molestándole.

El emperador no se da cuenta de que no necesita comprar nada, de que ya tiene un alma (aunque le dé la espalda constantemente).

El emperador paga y se va.

Y el vendedor se sienta tras el mostrador y espera pacientemente la vuelta del soberbio ingenuo.

1 comentario:

  1. Muy buen artículo. Para mí el propósito de borrar toda identidad nacional es obvia.

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