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lunes, 6 de enero de 2014

Los juicios morales desde otro ángulo (sobre el escándalo de la ampliación del Canal)


Me entristece (y enfurece) que no haya cambiado el sistema panameño en más de cien años, que nuestra Historia se haya colgado de un círculo vicioso. ¿Qué hace falta vivir? ¿Por qué no hemos aprendido las lecciones del tiempo? Se sigue vendiendo Panamá al mejor postor. El escándalo del Canal francés de principios de siglo es igual al reciente desbarajuste de la ampliación del Canal. Y para colmo de males, una empresa estadounidense se perfila como la que finalizará la obra. Tal como avanza la trama, tendremos otros cien años de ocupación gringa. Estaremos en el mismo lugar en que comenzamos. ¿Para qué ofrendaron sus vidas tantos panameños si no respetamos su herencia?

Esto es lo que ya informan los medios internacionales. Cuando el presidente Ricardo Martinelli se sintió seguro de su victoria en las elecciones del 2009, envió a Salomón Shamah, su testaferro, a negociar los términos del contrato para la ampliación del Canal panameño con Sacyr Vallehermoso, empresa española que atravesaba serios problemas financieros. Una vez dispuestos los detalles, el Grupo Unidos por el Canal, colectivo encabezado por Sacyr y que a la postre tendría el encargo de completar la ampliación, presenta una propuesta con un presupuesto apenas mayor a la mitad del de sus competidores. Muchos alzaron la voz de alerta diciendo que era una oferta imposible. Tan bajo monto, sin embargo, sirvió al presidente para defender la propuesta.

Ahora el Grupo Unidos por el Canal amenaza con detener la construcción. A la fecha, se ha pagado el 91% de lo acordado así que, salvo su credibilidad, no perderá mucho. La Autoridad del Canal de Panamá ya dijo que no sucumbirá a las amenazas. Y es muy posible que le empresa norteamericana, Bechtel, que quedó segunda en la licitación, dado que la ampliación del Canal es muy importante para los intereses estadounidenses, retome o reinicie la obra. ¿Deja vu con lapso de cien años?

Cualquiera que se haya asomado a la historia panameña, sabe que Los intereses económicos impidieron que se presentaran posiciones firmes al principio y poco nos hemos fortalecido hasta ahora.

Para atacar la memoria de Omar Torrijos, muchos hablan de su afición a la bebida. Pero Torrijos fue, para Panamá, un oasis en el desierto de la usura. Así tenemos de enrevesados los juicios morales. Se fabrican los pecados. También bebían Winston Churchill, Graham Greene, y eso no los hizo menos admirables; Adolfo Hitler se preciaba de ser abstemio y no era, por mucho, un modelo de conducta. Ahora no escandaliza que nos roben el pan delincuentes de cuello blanco. Yo prefiero mil borrachos a un solo codicioso deshumanizado.

El crecimiento económico es consecuencia del desarrollo humano. No puede ser de otro modo. Es una lástima que hayamos perdido cien años de historia por inconsciencia.

 

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